Autor: Alejandro Pizarroso Quintero

Número de páginas: 96 págs.

Encuadernación: tapa blanda

Editorial: EUDEMA, S.A.

Lengua: castellano

ISBN: 84-7754-116-7

UNA REVOLUCIÓN QUE TODAVÍA VIVE

McLuhan denominaba como “galaxia Gutenberg” a la civilización producto de la imprenta. Anthony Smith publicó un libro en 1980 sobre las perspectivas de una revolución en la prensa que se tituló Goodbye Gutenberg.

La invención, difusión y trascendencia de la imprenta tuvo lugar durante los siglos XVI y XVII. 

Muchos progresos del espíritu, como puede ser determinada corriente literaria, filosófica o reforma religiosa, alcanzaron la trascendencia gracias a la contribución decisiva de un medio de difusión tan imponente y eficaz como fue la imprenta. Este “arte de la escritura artificial” supone un cambio radical en la aproximación del hombre y de la sociedad a algunas de sus creaciones más importantes que necesariamente se expresan por escrito.

Ninguna de las grandes transformaciones sociales, culturales y políticas de la época del Renacimiento puede explicarse sin entender las verdaderas dimensiones de este fenómeno. Una obra de 1979, viene a poner las cosas en su sitio: The Printting Press as an Agent of Change, de Elisabeth L. Eisenstein. En conclusión, la imprenta vino a satisfacer las necesidades de una realidad anterior.

A finales de la Edad Media en Europa, la demanda de libros o de textos escritos se incrementó muy por encima de la oferta. Los manuscritos se habían perfeccionado y en algunas ciudades y universidades existía una verdadera organización “industrial” de copistas.

La imprenta de tipos móviles se difundió rápidamente por toda Europa en la segunda mitad del siglo XV, dando lugar a una revolución cultural e informativa. 

Gracias a la rápida difusión en Europa de la imprenta de tipos móviles se consolidaron las lenguas nacionales y sus respectivas literaturas, se difundió vertiginosamente la Reforma protestante y hubo una vigorosa reacción por la Contrarreforma. 

Además, la imprenta generó una industria, una nueva actividad económica digna de tenerse en cuenta, tanto en lo que se refiere a la producción de materias primas (el papel, por ejemplo) como al comercio del principal de sus productos, el libro, y más tarde, la prensa periódica. Las publicaciones periódicas impresas constituyeron un fenómeno constatable en el siglo XVII, el denominado “siglo de las gacetas”. 

En el siglo XVIII podemos entender la imprenta no solo como una técnica productora de libros, sino también de papeles periódicos. Las publicaciones periódicas impresas constituyeron un fenómeno constatable en el siglo XVII, el denominado “siglo de las gacetas”. En el siglo XVIII podemos entender la imprenta no solo como una técnica productora de libros, sino también de papeles periódicos. 

La industria del libro seguirá desarrollándose, pero en el siglo XIX será cuando se hable de otro gran siglo de la imprenta, esta vez en relación con la prensa periódica. 

Periodismo e imprenta son dos términos indisolublemente unidos, pues, aunque estemos a día de hoy inmersos en los sistemas electrónicos y los medios audiovisuales, cuando se habla de periodismo, la imagen que acude a la mente sigue siendo para todos la de una hoja de papel impreso. 

Del noticierismo manuscrito medieval pasaremos al noticierismo impreso, con nuevas técnicas, el cual convivió con el primero prácticamente durante toda la Edad Moderna. De las primeras formas de noticierismo se producirá el salto a la periodicidad, y ya con las gacetas, podremos hablar de periodismo propiamente dicho. 

CAPÍTULO 1: EL LARGO CAMINO

Para que tuviera lugar el gran invento: la imprenta de tipos móviles, antes tuvo que producirse un invento igual de decisivo: la escritura alfabética. 

EL NACIMIENTO DE LA ESCRITURA

Con anterioridad a la aparición de la escritura, el medio fundamental de comunicación era la palabra hablada. Fue el único sistema de intercambio de información durante milenios. 

Había otras formas de transmisión oral: el relato, la saga, la anécdota, el proverbio y el canto histórico. 

Solo en el relato la fuente que utilizaba era directa mientras que todas las demás tenían un carácter indirecto y se basaban, para su transmisión, en la repetición fiel de un “texto” que se guarda en la memoria. El relato posee un carácter “periodístico” indudable. En cambio, el canto histórico recoge los acontecimientos más importantes del devenir de un determinado grupo social y se enriquece de generación en generación, tiene evidentes connotaciones de lo que más tarde serán los “anales”, en cualquiera de sus formas y se puede interpretar como una recopilación de noticias seleccionadas por su importancia y ordenadas cronológicamente. 

Hoy en día, los medios escritos de transmisión de información y conocimientos se ven superados por los medios audiovisuales, donde la oralidad se convierte en el principal canal de comunicación. 

La estilización simbólica de la pintura en el Neolítico constituyó un claro precedente de la escritura. Frente al arte paleolítico (representación fiel y realista del símbolo), el neolítico ofrece escenas, “relatos” en donde diferentes elementos muy estilizados se combinan entre sí. 

La aparición de la escritura como tal se halla ligada al fenómeno del surgimiento de las primeras ciudades tras el salto del nomadismo al sedentarismo, lo que daría un impulso al fenómeno de la comunicación social. En todo caso, la escritura surge aproximadamente 5.000 años.

Existen polémicas sobre el origen de la escritura e hitos sobre su evolución. Gelb, en su Historia de la escritura, recoge esta clásica afirmación: “Igual que el habla distingue al hombre civilizado del bárbaro. La idea de civilización y la idea de escritura son, pues, inseparables. 

El camino recorrido desde la escritura pictográfica hasta la alfabética fue largo. En todo caso, la escritura surge aproximadamente hace 5.000 años. 

La escritura comienza a desarrollarse en Egipto, y parte de los pictogramas primitivos hasta su posterior estilización y abstracción en la escritura jeroglífica. La evolución del pictograma hacia el logograma constituye el origen de la escritura cuneiforme o de la escritura china. Los sistemas amerindios, incluso los más evolucionados (maya y azteca) no superaron, sin embargo, la fase pictográfica. 

El salto fundamental dentro del sistema logográfico fue la atribución de valor fonético al logograma, que surgió de la necesidad de transcribir nombres propios y extranjeros. De este modo nacieron los sistemas logosilábicos sumerio, hitita, chino y egipcio. En este proceso de fonetización muchas escrituras conservan todavía signos verbales (es decir, que por sí mismos representan todo un concepto). 

La transición del silabario semítico occidental (consistente en veintidós signos) hacia el alfabeto resultaba inevitable. El primero propiamente dicho fue el griego, si consideramos que un alfabeto es el sistema de escritura que expresa los sonidos individuales de un idioma. La creación de signos independientes para las vocales se debe a los antiguos griegos, y fue de su alfabeto de donde las lenguas semíticas tomaron los signos vocálicos. 

La evolución hacia el alfabeto latino (hoy la forma de escritura más universal) no es más que la adaptación de una idea esencial. 

La ventaja obvia del alfabeto la hemos sufrido y gozado todos nosotros. El aprendizaje de la escritura (y de la lectura) está al alcance de cualquiera en poco tiempo. Basta conocer entre veinte y treinta signos distintos y muy sencillos de reproducir para encerrar en ellos el significado de cualquier lengua. 

EL COMERCIO DE TEXTOS EN EL MUNDO ANTIGUO

En la Antigüedad clásica se tardó mucho tiempo en organizar un comercio regular de textos escritos. Los eruditos primitivos de Grecia o de Roma tenían que transcribir por sí mismos los escritos que deseaban poseer. Algunos autores hacían copiar varias veces sus obras y, en algunos casos, aparecía un verdadero editor que se valía de mano de obra esclava para la producción de libros, pero este procedimiento daba lugar a numerosos errores de transcripción. 

En la Roma del siglo I tenemos constancia de que no sólo existía el negocio de la edición, sino también el de la librería. Los libros eran rollos de papiro dispuestos alrededor de un eje de madera y guardados en estuches de cedro. El códice de pergamino, es decir, el libro con la forma en la que lo conocemos actualmente fue posterior. Este mercado continuó durante el Bajo Imperio y se prolongó en Bizancio. 

En la Edad Media del occidente europeo, la cultura escrita era tarea exclusiva de la Iglesia, y se refugió sobre todo en los monasterios hasta el desarrollo delas ciudades y del mundo universitario que tuvo lugar en la Baja Edad Media. 

LA CREACIÓN DE UN MERCADO DE TEXTOS EN LA EDAD MEDIA EUROPEA

Tras la caída del Imperio romano, la única cultura escrita (muy pobre todavía) se desarrolló en el ámbito de la Iglesia y se transmite a través de las escuelas catedralicias. Tendrá un nuevo florecimiento en la Baja Edad Media gracias a las universidades. En torno al mundo universitario surgirá una amplia actividad de copia de textos y manuales de estudio, lo que contribuirá decisivamente a la consolidación de una cultura escrita en Europa occidental. 

Con el renacimiento carolingio asistiremos a la primera oleada monástica y a un considerable impulso de la cultura escrita. En la Alta Edad Media (periodo que comprende desde la disolución del imperio carolingio hasta el siglo XIII) los monasterios fueron sus focos naturales de agregación, así como seguirán siendo centros de conservación de la cultura escrita. 

Si en el periodo inmediatamente anterior se produjo un prolongado lapso de la cultura escrita, en la Baja Edad Media habrá un nuevo florecimiento a través, sobre todo, de las universidades, que comienzan a desarrollarse en el siglo XIII, y ya antes por la cultura monástica. 

Esta cultura escrita utiliza una lengua “artificial”, el latín, que no era realmente hablada por la sociedad pero que constituía una auténtica “koiné” eclesial para una reducida casta que hasta entonces no salía del seno del clero. Sin embargo, es en este periodo cuando se consolidan las primeras manifestaciones de las literaturas vernáculas. La fijación de las lenguas vulgares, románicas o no, como lenguas escritas, constituye un paso indispensable y fundamental para dar el salto a una comunicación “de masas”. Estas lenguas vulgares serán el vehículo de toda acción propagandística, tanto en el terreno político como en el eclesial, a través de la predicación. 

Los monasterios redactaban una serie de anales, es decir, de testimonios preciosos de muchos aspectos de la vida social y política del territorio en el que estaba enclavado el monasterio. Muy tempranamente constituyeron inevitables fuentes históricas de los cronicones bajomedivales. 

En el siglo XIII comienza a parecer por primera vez la difusión más o menos sistemática de noticias manuscritas, dentro de un contexto de incipiente sociedad burguesa. 

La Baja Edad Media (desde la segunda mitad del siglo XIII a las postrimerías del XV) supuso el despegue de la cultura escrita, debido en parte al conflicto entre las monarquías y la nobleza. 

La profusión de la cultura escrita va a tener también un reflejo importante en el campo de la comunicación social. 

El desarrollo burgués o la riqueza de las ciudades, entre otros factores, constituirán el caldo de cultivo ideal para nuevos modos informativos. El desarrollo del noticierismo manuscrito se halla ligado al desarrollo urbano, y éste se dará sobre todo en Italia y Flandes. 

En cuanto a las formas de comunicación social en la Europa medieval, los canales de transmisión de ideas, creencias, saberes e información van a tener un desarrollo muy diferente en los tres periodos que hemos considerado. Además, habría que distinguir distintos planos en estos canales de comunicación, como son el flujo de comunicación de arriba abajo y también la comunicación horizontal, ya sea entre las clases populares o entre las privilegiadas. Sólo en este caso podemos hablar de comunicación escrita. 

Respecto a la comunicación vertical, se trata en todo caso de fenómenos propagandísticos. La Iglesia, por ejemplo, se vale de la comunicación visual, pero también la nobleza y el poder real. 

En cuanto a la comunicación oral, ya desde la crisis del Imperio romano, la extensión del cristianismo se basaba en una incipiente predicación, todavía no centralizada y organizada. Una vez consolidado el cristianismo en Occidente (siglos VIII y IV), la Iglesia no abordaría de forma sistemática el tema de la predicación hasta el siglo XIII. El caso de la primera Cruzada constituye una campaña aislada que demuestra la enorme capacidad de movilización de este instrumento.

El auge del sermón arranca de los siglos XI y XII, y la predicación, una vez convertida en instrumento sistemático de la Iglesia, contará con numerosos sermonarios escritos, así como otro tipo de manuales, conocidos en general como “Ars Praedicandi”. Todo ello incrementa, a su vez, el mercado de los textos escritos. 

Otros medios de difusión de la creencia religiosa fueron el teatro europeo bajomedieval y también toda la literatura religiosa que, aun siendo manuscrita, tuvo una amplia difusión. 

Fuera del terreno religioso, tendrán un amplio eco los tratados sobre la educación de aristócratas y príncipes, además de otros textos de carácter civil como son las crónicas cívicas o los anales o historias de ciudades, entre otros, que podemos encuadrar dentro del campo de la propaganda política. 

Ya en la Alta Edad Media, los Cantares de Gesta en lengua vernácula habían exaltado el ideal caballeresco. Sin embargo, el posterior desarrollo de la poesía épica en lengua vernácula mantiene entre sus motivos el viejo ideal caballeresco, que se transforma en la Baja Edad Media. Por otro lado, esta poesía se convertirá en un importante vehículo de propaganda política a través de la exaltación del poder real. Este tipo de literatura tenía una gran capacidad de persuasión, que además de sus manifestaciones escritas (más escasas), se difunde de manera oral a través de los juglares. Menor interés “comunicativo” tiene el desarrollo de la poesía trovadoresca en la Baja Edad Media. 

Otros textos de carácter religioso y muy difundidos fueron las “artes del bien morir”, los libros de edificación espiritual, como la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, o los de carácter hagiográfico, como la famosa Leyenda Dorada (compendio de vidas de santos). Estas obras dieron lugar a un incipiente comercio del libro fuera de las universidades. 

Desde el siglo XIII el florecimiento urbano implica el nacimiento de escuelas laicas. En la Florencia del año 1388 existía un censo de ocho a diez mil muchachos que aprendían a leer en escuelas arcaicas. 

Durante los siglos XIV y XV se producirá un cierto estancamiento en el impulso creador. Las universidades pierden en capacidad creadora, en autonomía económica y en ese primitivo espíritu universalizante, pero ganan, por el contrario, mucho en capacidad de difusión y comunicación de sus saberes. Su número se incrementa enormemente: de la docena de universidades que había a finales del siglo XIII, se pasa a casi un centenar, doscientos años después. 

En las ciudades bajomedievales, sobre todo italianas, aunque también aragonesas y flamencas, resurgirán una suerte de anales, las Crónicas. Estas crónicas cívicas nacen con una evidente finalidad propagandística, pues con ellas las aristocracias urbanas pretender dar lustre a sus propias ciudades. Recogen los hechos recientes y también diversos acontecimientos menores de la vida cotidiana. En Venecia podemos encontrar una crónica anterior al año 1000, el Chronicon Altinate, y entre los cronistas italianos más destacados cabe citar al florentino Matteo Spinelli, autor de Diurnali, que se detiene en los pequeños detalles de la vida ciudadana. Otras crónicas poseen un claro carácter oficial en la ciudad, como por ejemplo los Annales de Caffaro en la ciudad de Génova. Las crónicas reales o señoriales tenían un fin propagandístico, al igual que las crónicas ciudadanas, bien como exaltadoras del ideal caballeresco o, como en Castilla, subrayando un incipiente espíritu nacional en torno al monarca. En España, además de algunas crónicas escritas en latín (como la mozárabe, silense, najerense, de Alfonso X, etc.), no podemos dejar de destacar la Crónica general iniciada por Alfonso X y redactada en castellano. Clásicas son también las de Jaime I o la de Pedro IV, ambas en Aragón- Y de carácter claramente polémico cabe citar la de don Álvaro de Luna, atribuida a su servidor Gonzalo Chacón y que constituye un panegírico de aquel hombre de Estado entre los años 1453 y 1460.

LA NOTICIA MANUSCRITA

El fenómeno del noticierismo escrito presenta un carácter periodístico. Surge en la Alta Edad Media, pero se consolida en los siglos XIV y XV, alcanzando su máximo apogeo en el siglo XVI, conviviendo con la imprenta. La noticia manuscrita sobrevive a lo largo de la Edad Moderna paralelamente al desarrollo de las primeras publicaciones periódicas. 

En la Inglaterra de los siglos XIII y XIV la noticia manuscrita se convierte en una verdadera industria. 

El desarrollo de esta actividad de información está ligado necesariamente al desarrollo de una clientela. 

En las ciudades italianas florecerá también este comercio de noticias vinculado a los intereses mercantiles. En Roma y en Venecia es donde este fenómeno se desarrolló en mayor medida, pero estas “lettere d´avviso, avvisi”, existieron también en Francia, y en las ciudades alemanas. 

Cuando en 1563 los “avvisi” alcanzaron una periodicidad regular, saliendo una vez por semana a la venta, su precio era una pequeña moneda conocida en Venecia como “gaceta” (en italiano literario, “gazzeta”).

Estas “gazzete” se presentaban como un pequeño folio manuscrito doblado, con lo que las dimensiones de cada cara, en caso de las más grandes, no excedían de 15 x 20 cm. Las noticias se recogían en las cuatro carillas y estaban redactadas de manera muy simple, sin ninguna explicación más allá del hecho escueto, que venía precedido de la fecha y el lugar de procedencia. Carecían de título y sus clientes procedían de dentro y fuera de Venecia. En esta ciudad se elaboraban las “gazzete”, se hacían copias y se expedían a través del correo, que salía cada sábado, a las ciudades italianas, e incluso más allá.

No hay que confundir los “avvisi”, que se hacían públicos, de las cartas-diario, que eran similares, pero de difusión mucho más restringida. 

EL MERCADO DE TEXTOS ESCRITOS EN LA BAJA EDAD MEDIA

La imprenta llegó en el momento preciso para cubrir una demanda creciente de textos escritos. La cultura escrita, como hemos visto, se había mantenido dentro de los monasterios en la Alta Edad Media. El nacimiento de las universidades y el incipiente desarrollo urbano de los siglos XII y XIII hizo que la cultura escrita saliera de los monasterios para desarrollarse en su medio natural: la ciudad. 

En torno a las universidades florecía el negocio de los copistas, y estas instituciones se multiplicaron a lo largo del siglo XV. De hecho, existía una notoria carencia de libros de enseñanza que daba lugar a un proceso en el que la demanda fue siempre por delante de la oferta. 

Los mercaderes de libros realizaban un negocio, pero necesitaban una producción mayor para incrementar su actividad. Hubo incluso ferias especializadas en el comercio de libros en Frankfurt y Leipzig, que continuarían después de la invención de la imprenta. 

CAPÍTULO 2: LA NUEVA TÉCNICA

El incremento progresivo de la demanda de textos escritos en la Baja Edad Media produjo un impresionante desarrollo del gremio de los copistas. El papel se había difundido ya en Europa. Gracias a ello, la creciente demanda de textos escritos contaba con una indispensable materia prima y, sobre todo, la invención de Gutenberg tenía donde plasmarse. 

De poco hubiera servido una imprenta de tipos móviles destinada a la producción “masiva” si solo se hubiera dispuesto de pergamino. 

UN ELEMENTO FUNDAMENTAL: EL PAPEL

Fue en China donde se inventó el papel, la materia que iba a permitir el gran salto delante de la imprenta. En Occidente, el papiro y el pergamino habían servido como soportes duraderos de la escritura. El papiro egipcio se convirtió en el primer soporte ligero capaz de liberar la escritura de otros como la arcilla o la madera. Fue el soporte fundamental de los rollos de los libros griegos y llegó también a Roma.

El pergamino le debe su nombre a la ciudad de Pérgamo, a la que se le atribuye su origen, y ya en la Europa medieval llegó a desplazar por completo al papiro. 

Después de la madera o las planchas de bambú, en China fue la seda el soporte principal de los textos escritos. La hipótesis más aceptada sobre la invención del papel en China se sitúa en el siglo III a. C. El inventor del procedimiento definitivo fue Tsai-Lun, que vivió entre los siglos I y II d. C. En Japón el papel se difundió en el siglo VII. 

El papel no llega a Europa hasta el siglo XIV donde revoluciona el mercado de la escritura. Su materia prima fundamental fueron los trapos de lino y algodón. A pesar de todo, el pergamino siguió considerándose durante mucho tiempo la única materia noble para la escritura. 

FORMAS PRIMITIVAS DE IMPRESIÓN

Las primeras formas de reproducción de un texto escrito en múltiples ejemplares las encontramos en China a partir del siglo II a.C. 

La xilografía más antigua que se conoce data del siglo IX. La impresión de xilográficas planas completas (naipes, calendarios, estampas de santos, oraciones, etc…) existe ya en Europa en el siglo XIV.

La impresión con tipos móviles también se desarrolló en China antes que en Europa. La imprenta que se difundió en Europa fue la que seguía el modelo de Gutenberg, y casi sin variaciones, su sitema perduraría hasta el siglo XIX. 

LA TÉCNICA GUTENBERG

La gran aportación de Gutenberg fue la de emplear tipos móviles metálicos fáciles de fundir para ser utilizados y sobre los que, una vez ordenados, se aplicaba la presión uniforme de una prensa de vino. La aleación que consiguió Gutenberg ha permanecido prácticamente invariable hasta nuestros días. Se trataba de una aleación de plomo, estaño y antimonio. 

Como demuestra Steinberg en su obra 500 años de imprenta, Gutenberg “no fue el primero en comprender la necesidad y las posibilidades de una producción de literatura en gran escala”. Su logro es una síntesis de todas las técnicas corrientes e intentos que ya existían en la época que él vivió. 

No obstante, tuvo dos genuinas aportaciones: la fundición de los tipos en un molde metálico, que permitía disponer de los centenares o millares necesarios para componer una obra, y el vástago lo suficientemente largo con que debía cortar cada tipo para poder ser manejado y colocado junto a otros para formar palabras y frases. El vástago debía ser siempre de las mismas dimensiones para poder encajarlo en la matriz. 

Gutenberg nació en Maguncia (Mainz) en la última década del siglo XIV, en el seno de una familia de artesanos.  Entre 1444 y 1448 perfeccionó su invento hasta el punto de poderlo explotar comercialmente. Murió en 1468 cuando ya su invento estaba difundido prácticamente por toda Europa. 

Uno de sus grandes méritos está en que su técnica alcanzó un grado tal de eficacia que sustancialmente no sufrió modificaciones hasta finales del siglo XVIII. Willen Janszoon Blaeu introdujo novedades en cuanto al área de la impresión de la prensa tradicional, pero sus prensas siguieron conviviendo con las de Gutenberg durante casi dos siglos. 

¿GÓTICA O REDONDA?

Los libros impresos en las primeras décadas de la invención de la imprenta son prácticamente idénticos a los manuscritos de la época. Era el propio público quien necesitaba seguir viendo el producto acabado, es decir, el libro, con el mismo aspecto convencional con que había sido conocido. A medida que el público lector se fue adaptando a la nueva técnica, se modificó el aspecto de los libros. 

En cuanto a tipos, terminó imponiéndose el redondo frente al gótico, que solo perduró en Alemania. El triunfo del tipo redondo se debe a los humanistas e impresores italianos. Fue Claude Garamond el primero que se dedicó a diseñar, cincelar y fundir tipos y que nunca fue impresor- Creó una serie de tipos redondos a partir de 1531, cuya influencia perduró hasta el siglo XIX. 

LA EXPANSIÓN DEL NUEVO INVENTO

Cuando Fust y Schöler se hicieron con el material de Gutenberg, montaron su propio taller de impresión. En menos de veinte años, la imprenta se había difundido por toda Europa. 

En 1467 apareció el primer libro impreso en Roma. A París llegó la imprenta en 1470, desde donde se distribuyó a las 39 ciudades francesas que contarían con imprenta antes de terminar el siglo. Todos los impresores eran alemanes, que fueron formando a nuevas generaciones. En España, el primer texto impreso data de 1472 (Sinodal de Aquilafuente), y en Europa el primer libro impreso en inglés fue obra de William Caxton.En los Países Bajos hubo intentos anteriores a Gutenberg, pero no cuajaron. Tiempo después, Amberes se convirtió en el gran centro impresor de toda Europa, aunque no contó con su primera imprenta hasta 1481. El primer libro en inglés fue obra del inglés William Caxton en 1475 en Brujas.

En los albores del siglo XVI, Europa dispuso de una industria cultural en expansión y destacaron dos aspectos: que por un lado se produjo un punto de inflexión o ruptura respecto a la tradición oral, y por otro, que se había creado de un espacio cultural con tendencia a la uniformidad.

La repercusión de este nuevo fenómeno, de esta revolución, se analiza ampliamente en la obra de Elisabeth Eisenstein.

CAPÍTULO 3: LA REVOLUCIÓN DE LA IMPRENTA

LA TRASCENDENCIA DEL NUEVO INVENTO

El triunfo del libro impreso trajo consigo la consolidación de las lenguas vulgares, lo que significaba su “democratización” pero al mismo tiempo su “provincialización”. Los primeros cien años de la imprenta produjeron una cultura libresca. Probablemente no se pueda comparar la trascendencia del salto de la comunicación oral a la escrita con la que supuso la transición del manuscrito al impreso. Sin embargo, ello significó que de un determinado texto se pudieran producir un gran número de copias en un tiempo determinado y que, tras la imprenta, este proceso se multiplicaría ad infinitum.

A día de hoy, un texto escrito manualmente conserva todavía un carácter privado, pero eso es porque la imprenta introduce entre el escritor y el lector un elemento distanciador y despersonalizador. Fue este hecho el que hizo que, dado que no parecía que estuviera hecho por un hombre, un texto impreso se sacrilizara.

En los albores de la Edad Media, la expansión de la imprenta como industria tiene relación con la expansión del capitalismo. El impresor se convirtió en una nueva figura de <<empresario>> (detalles libro) que en adelante determinaría la evolución de la vida intelectual y, de manera análoga, la producción y distribución de noticias. Cuando se habla de la revolución de la imprenta, ello no quiere decir necesariamente que el tránsito del mundo manuscrito al impreso fuera brusco. Pero si es cierto, que, tras su aparición, nada volvió a ser como antes, y el mundo de la comunicación manuscrita se redujo a la esfera de lo privado. Por otro lado, y en relación a la economía, los impresores empezaron a aceptar encargos y a producir obras más pequeñas con el fin de recuperar en beneficios más de lo que invertían.  En Mainz se dieron las primeras publicaciones periódicas impresas y las primeras “indulgencias”, que se convirtieron en un gran negocio. Además, también se imprimieron anuncios de conferencias y lecciones universitarias que incluían referencias a los libros útiles y en venta, y carteles murales.

EL NOTICIERISMO IMPRESO

El noticierismo manuscrito floreció en Europa antes del nacimiento de la impresa y alcanzó sus mayores cotas ya en convivencia con ésta. Dado que no tenían una periodicidad, se dirigían al público en general y resultaban fáciles y rápidas de vender, éstas recibieron el nombre de <<ocasionales>> y desarrollaron una avidez de noticias que solo podía cubrirse mediante un sistema capaz de reproducirlas en gran número. Viena se convirtió pronto en el centro de producción de noticias impresas de Europa.

La expansión del noticierismo impreso partió de la preexistencia de un noticierismo manuscrito muy desarrollado que se perpetuó todavía durante dos siglos. A medida que la imprenta se difundía y se consolidaba, el noticierismo impreso se multiplicaba y se extendía por toda Europa. Las guerras contra los turcxos, así como los viajes y descubrimientos, fueron los temas favoritos a lo largo de los siglos XVI y XVII. Pero también se leían sobre asuntos de carácter más local, milagros, historias prodigiosas, desastres naturales o hechos criminales. En ocasiones como las victorias militares, el noticierismo impreso sirvió claramente de instrumento propagandístico y todas las cortes europeas lo aprovecharon.

LAS PRIMERAS MEDIDAS LEGISLATIVAS

La imprenta se convirtió desde el principio en un “arma” poderosa y todos los gobernantes intentaron beneficiarse de ella. De esta manera nació una legislación destinada a controlar el nuevo fenómeno y así se comenzaron tomar medidas como la prohibición de algunos libros, lo cual aumentaba su interés y su difusión, aunque fuera ilegal. La imprenta se desarrolló en una Europa dividida por cuestiones de religión y esto hizo que tuviera una enorme relevancia. La Reforma no hubiera sido lo que fue sin la imprenta. Así bien autoridades civiles y religiosas empezaron a controlar la imprenta de libros.

La idea de libertad de imprenta como libertad de prensa, no se desarrolló política- y legalmente hasta la Revolución Francesa, y fue en Inglaterra donde se sentaron las bases de esto en el siglo XVIII. Entre la base se encontró la del sistema del privilegio, la cual consistía en una concesión en exclusiva a un impresor en una ciudad para ejercer su actividad. Quien lo concedía se hacía, obviamente, con el control de las publicaciones de un lugar. Más adelante, sin embargo, el sistema de privilegios, entendido como exclusión del derecho de reimpresión, se aplicará no al impresor sino a una obra determinada. Esta regulación no tenía en cuenta todavía los derechos de autor.

En los primeros momentos de la expansión de la imprenta no aparecieron todavía medidas restrictivas. En buena medida fue la difusión de la Reforma (el papado se ocupó de la imprenta desde 1479) la que estimuló en los Estados católicos las medidas de censura y control de la imprenta. Y fueron todos estos mecanismos legales los que sentaron las bases de lo que sería la actitud del Estado Moderno ante el nuevo fenómeno, cuyo desarrollo posterior dio lugar a un tipo de prensa periódica que nació necesariamente limitada por esta legislación.

Imprenta, desarrollo urbano, capitalismo mercantil o nacimiento de los Estados nacionales son todos ellos fenómenos inseparables e interrelacionados que dieron lugar a una verdadera revolución informativa. La imprenta y el papel aportaron el medio técnico indispensable para la multiplicación de la información. El tráfico mercantil favoreció igualmente el trasiego de información y las ciudades se convirtieron en el vivero del público lector y el amplificador natural de cualquier noticia. El Estado Moderno reprimió, por un lado, todo exceso que pudiera resultarle peligroso. pero, por otro, fomentó el nuevo medio como instrumento propio de propaganda. Los primeros servicios postales regulares fueron un canal indispensable para la difusión de información.

Entre los siglos XV y XVI, y a pesar de las guerras constantes, las rutas europeas fueron surcadas por correos, jalonadas por postales y el flujo informativo fue infinitamente superior al medieval.

EL SALTO A LA PERIODICIDAD

Numerosos autores sitúan el comienzo de la historia del periodismo con las primeras publicaciones periódicas impresas regulares, las gacetas, que se generalizan en Europa a lo largo del siglo XVII. A lo largo de todo el siglo XVI, a partir de los ocasionales se irán multiplicando nuevas experiencias de impresos seriados o impresos periódicos. Todo este proceso culmina en nuestro siglo con lo que podemos denominar flujo constante de información.

Aunque no estrictamente periodísticas, las primeras publicaciones periódicas fueron los calendarios o almanaques del taller de Gutenberg (1448). Estas publicaciones anuales también existieron en España. También de periodicidad anual, pero ya con propósitos claramente informáticos, nació en Francia el Mercure François con resúmenes de los principales acontecimientos del año. Las primeras cronologías anuales aparecieron en Alemania, y más adelante lo hicieron otro tipo de publicaciones periódicas: las semestrales. Estas últimas siguieron publicándose hasta el siglo XIX, conviviendo con otras de periodicidad más frecuente. Hasta el nacimiento y estabilización de las primeras gacetas semanales, las cuales se extendieron por toda Europa en el siglo XVII y tenían como modelo fundamental la Gazette de Théophraste Ranaudot, surgieron publicaciones de variada periodicidad. Cuando ya éstas se empezaron a publicar seriadas y de manera consecutiva a intervalos irregulares, se originó el Mercurius Britannicus. En relación con el periodismo inglés, se considera que N.B ha sido quien dominó este panorama entre 1620 y 1640, aproximadamente. Con él surgió el Corante.

A pesar de todo esto y sin embargo, en el terreno de la prensa periódica semanal los territorios pioneros en Europa fueron los Países Bajos y Alemania. En la segunda década del siglo un gran número de ciudades alemanas disponían de gacetas semanales: Basilea, Frankfurt, Berlin, Hamburgo, Stuttgart, Colonia, Zurich y Munich. En Nuremberg y Augsburgo se convirtieron en semanales dos publicaciones que, hasta entonces, habían tenido periodicidad mensual. En Leipzig la prensa semanal nació en 1632.

Así pues, en el Imperio, Suiza e Inglaterra estaba ya muy desarrollada la prensa semanal antes de que viese la luz la Gazette de Ranaudot en París.

El correo organizado funcionaba entonces en la Europa moderna en régimen de concesión de monopolio y éste lo tenía la familia Taxis. A través del correo se distribuían las noticias manuscritas y también las publicaciones impresas que se vendían por suscripción. En un régimen semejante de privilegio se encontraban también algunas gacetas, lo cual implicaba, no sólo, que podían publicar sino también que estaban exentas de competencia.

En España, la primera publicación semanal, la Gaceta de Madrid, cuyo origen era la Gazeta Nueva, de 1661, también tuvo carácter oficial.

En contraste con otros territorios europeos, el Imperio alemá era un mosaico político y su prensa reflejaba esta fragmentación. Estados territoriales como España, Francia y Suecia centralizaron, generalmente en la capital, la prensa semanal bajo directo control del Gobierno. Este tipo de prensa llegó más tarde a Italia. En Bruselas Le Courier véritable des Pays-Bas, que tenía regularidad semanal desde 1649 sobrevivió hasta 1792. A finales del siglo XVII, la prensa semanal (carácter oficial, rígida censura religiosa y civil, temas de política interior y exterior, propaganda) era ya un fenómeno generalizado en Europa. Junto a éste nació también una prensa especializada de carácter literario, que se desarrolló principalmente en el siglo XVIII.

Por último, en el caso inglés la guerra civil enriqueció el panorama, y en Inglaterra, después de la Star Chamber por el Parlamente Largo se podía hablar de un régimen de libertad de prensa por primera vez en la historia.

LA IMPRENTA Y LA REFORMA

La reforma supuso la ruptura definitiva de la unidad espiritual del Occidente cristiana que se había desarrollado en la Edad Media, y para que así fuera, se expandió utilizando técnicas clásicas de propaganda y valiéndose de medios como la predicación y, sobre todo, la difusión de textos impresos.

En el caso de los protestantes, su propaganda tenía dos objetivos fundamentales: uno negativo, que era explotar las causas del descontento con el viejo orden religioso; y otro positivo, que era despertar deseos, aspiraciones y expectativas para asociar su satisfacción con el nuevo orden religioso.

Por aquel entonces ya existía la imprenta y fue gracias a ello, que las noventa y cinco tesis te Lutero y su gesto de desafío se difundieron tan rápido en toda la cristiandad y le convirtieron en el autor más leído de su época.

La imprenta fue el medio fundamental de difusión de la Reforma en sus primeros momentos, mucho más que la predicación.

Después de la ruptura definitiva tras la Dieta de Worms, la propaganda luterana adquirió un tono popular con panfletos, libelos, poemas, himnos, sermones y un uso combinado de la imagen en esos impresos. Utilizaron diferentes tipos de propaganda: popular, visual y musical; y esto junto al uso de un lenguaje corriente, hizo que los sermones de Lutero fueran impresos y difundidos como hojas de propaganda.

LA REACCIÓN DE LA CONTRARREFORMA 

La Contrarreforma también se armó de un sólido aparato propagandístico para contrarrestar los efectos de la propaganda protestante, y este consistió principalmente en la imprenta, aunque también se valió de las viejas órdenes mendicantes, y la Inquisición también fue reforzada y siguió en manos de los dominicos. Su enorme poder y eficacia impidieron la expansión de la Reforma protestante.

Asimismo, la Iglesia comenzó a poner en marcha tímidas reformas que concluirían en el Concilio de Trento y en la Compañía de Jesús. Además, la bula Sacra Congregatio Christiano nomini propaganda nació para combatir la Reforma y organizar la expansión del catolicismo fuera de Europa. El catolicismo mantuvo el uso litúrgico del latín y proclamó y resaltó el universalismo. La iglesia romana potenció como instrumento diferenciador el uso de las artes visuales, los devocionarios, las vidas de santos, catecismos… gracias a la imprenta. Las relaciones ocasionales sirvieron también a la propaganda católica para ridiculizar al enemigo protestante.

Nacida para combatir la Reforma y organizar la expansión del catolicismo fuera de Europa, la congregación no solo tenía como tarea la organización de una actividad hacia el exterior de la Iglesia, sino que también se ocupaba de elaborar la doctrina y planificar los medios. Potenció la pintura y la imaginería religiosas para acercar su mensaje a los iletrados, lo que produjo en el Barroco, sobre todo en España o en Italia, obras maestras de arte universal. 

CAPÍTULO 4: ESPAÑA Y LA HISPANOAMERICANA COLONIAL

LA PREPARACIÓN

En España, al igual que en el resto de Europa, la cultura escrita había salido de los monasterios y la demanda de textos escritos se había hecho creciente. Las universidades desarrollaron por esto también la cultura escrita desde el primitivo Estudio General de Palencia hasta Salamanca, Lérida, Huesca, Perpiñán o Coimbra. Las lenguas vulgares alcanzaron muy pronto altas cotas de calidad literaria y se utilizaban en la redacción. Por su parte, el correo tuvo un desarrollo considerable. El poder real se encargaba de darle vida al correo regular, y, en concreto, los Reyes Católicos fueron quienes reorganizaron el correo en Castilla creando el cargo de Trotero o Correo Mayor, así como otros correos mayores. Ya con los Austrias, los correos españoles se convirtieron en un monopolio de la familia Taxis.

LA IMPRENTA EN ESPAÑA

La técnica de Gutenberg tuvo una difusión ciertamente rápida, pero a España llegó relativamente tarde, como a Inglaterra, por la situación geográfica, así como por la falta de una rica vida urbana o de grandes universidades. Nuestros primeros impresos fueron todos en tipos romanos, pero los impresores fueron alemanes.

A partir de su llegada, la imprenta se extendió rápidamente por el país comenzando sobre todo por las ciudades de la Corona de Aragón. Ya en la Corona de Castilla, se implantó la imprenta en la ciudad de Salamanca en el año 1480. A Toledo no llegó hasta 1482 y a Burgos hasta 1485. A Sevilla había llegado antes. Antes de finalizar el siglo XV eran veintiséis las ciudades españolas que disponían de imprenta. A pesar de esto, no podemos dejar de destacar la existencia de dos imprentas en caracteres hebreos en Guadalajara y en Híjar.

PRIMERAS MEDIDAS LEGISLATIVAS

En los primeros momentos de la expansión de la imprenta no aparecieron todavía medidas legislativas para su control. Sin embargo, la primera disposición legal se hizo llegar en forma de Carta de los Reyes Católicos, que decía en ella eximir al impresor y mercader de libros Teodorico Alemán del pago de impuestos, dado que su tráfico y volumen de actividad redundaban en honra de sus reinos.

Más adelante, el tipo de medidas tomadas fueron diferentes. En 1502 se estableció el <<sistema de licencias>>, que fue derogada cincuenta y dos años más tarde por Carlos I. Bajo los Austrias estuvo vigente en España un clásico sistema por concesiones y fue Felipe V, quien instituyó el depósito de libros en 1716, que originaría la actual Biblioteca Nacional. Con el reinado de Carlos III podemos hablar ya de la Ilustración en España. En 1762 los autores, impresores y libreros pudieron ya fijar libremente los precios de venta. Y finalmente, en 1788 llegó la medida más restrictiva de todas que atañía a todos los temas referidos a las publicaciones periódicas. Esta medida, sin embargo, no pudo detener el alud de impresos de contenido revolucionario.

DE LAS “RELACIONES” A LAS GACETAS 

Los primeros pasos del periodismo impreso español no difirieron demasiado de los ya contados de otros territorios europeos. El noticierismo manuscrito se daba, pero sin alcanzar las cotas venecianas. La imprenta, por otro lado, llegó antes de que Caxton la llevara a Inglaterra y fue en este momento cuando empezaron las relaciones, junto a las cuales se hicieron muy frecuentes las traducciones. Los primeros temas se ocuparon de la Reconquista, el Nuevo Mundo, la conquista de América, la guerra contra los turcos, otros conflictos europeos y las celebraciones religiosas o profanas. Nació en este momento un género periodístico específicamente español: el periodismo taurino, el cual constituyó una parte importante del periodismo español.

A lo largo del siglo XVI las relaciones impresas se extendieron por toda España y ya en el siglo XVII fue cuando Madrid se incorporó a la nómina de las ciudades que las publicaban. Muchas de estas relaciones se solían reimprimir y difundir con éxito por las colonias americanas.

Por otro lado, una traducción de la “Gazette parisién” se consideró el primer periódico semanal propiamente dicho en territorio español, pero luego la Gaceta de Madrid terminaría siendo el periódico semanal oficioso que daría lugar a numerosas replicas provinciales.

LA IMPRENTA Y EL PERIODISMO COLONIAL

En el Nuevo Mundo, los españoles jugaron un doble y contradictorio papel: por un lado, multiplicaron las trabas para difundir la cultura escrita; y por otro, los colonizadores las burlaron con facilidad.  La Iglesia necesitaba valerse de la imprenta en su tarea evangelizadora por lo que se encargó de que se difundiera la lengua castellana y con ella su cultura escrita. En 1539 el impresor Juan de Pablos fue el primero en abrir una imprenta en México. Ya en 1584 se estableció la primera imprenta en Lima.

Los libros que salían de estas imprentas eran de naturaleza fundamentalmente religiosa, aunque también hubo vocabularios y otros textos de tipo educativo. Las primeras imprentas americanas no tardaron en producir manifestaciones periodísticas. A lo largo del siglo XVII se extendió la imprenta a otras ciudades, pero no fue hasta el siglo XVIII que la imprenta se generalizó por todo el continente.

En la segunda mitad del siglo XVII tenemos noticias de los primeros intentos de dar vida a una publicación periódica. 

CAPÍTULO 5: LA IMPRENTA Y LA PRENSA PERIÓDICA

LA “GALAXIA GUTENBERG”

Si se pretendiera establecer una periodización en el mundo de la imprenta, hablaríamos de dos fases: la primera de expansión, que sería entre 1450 y 1550; y la segunda de consolidación entre 1550 y 1800. Aunque se debería destacar, tras esto, sin duda, al siglo XIX por ser el gran siglo de la imprenta. En el siglo XX es cuando ya se ve amenazada por otros canales de comunicación más potentes.

Durante los dos siglos y medio que siguieron a la primera fase de expansión se produjeron importantes modificaciones en cuanto a la organización del trabajo. A partir de la segunda mitad del siglo XVI es cuando ya se consolidó la diferenciación profesional (ej: editor, empresario, impresor, técnicos, fundidor, escritor y librero) y se modificó el público lector, que se amplió enormemente. Dentro de este periodo de consolidación se gestó toda una civilización en torno a la imprenta, llamada Galaxia Gutenberg (civilización europea). Mientras, aquellas que se mantuvieron al margen comenzaron a quedarse atrás de manera inexorable.

Sin embargo, de nuevo en el periodo de consolidación, habríamos de distinguir dos subperiodos: el primero, que fue el de las postrimerías del siglo XVI y todo el siglo XVII, en el cual asistimos a los balbuceos de la prensa periódica; y el segundo, que se desarrolló durante el siglo XVIII y es en el que la prensa periódica europea alcanza cierto grado de madurez que le permite dar el gran salto industrial del siglo XIX.

Desde la invención de la imprenta transcurre una verdadera <<revolución informativa>>. La prensa periódica regular nació como instrumento de propaganda de los Estados, los cuales, a su vez, ya habían comenzado a tomar medidas legislativas de control. La publicación por medio de impresos, de leyes, decretos y pragmáticas se generalizó en el siglo XVI.

Holanda se convirtió entonces en el vivero europeo de publicaciones discrepantes y gozaba de una libertad de expresión desconocida en otras partes del continente. Inglaterra, por su parte, fue el primer ejemplo histórico conocido de país con libertad de prensa, libertad que se terminó convirtiendo en una parte más comúnmente aceptada de las libertades inglesas.

DEL LIBRO A LA PRENSA PERIÓDICA: EL SIGLO XVIII

El siglo XVII vio nacer y consolidarse las primeras publicaciones periódicas. El siglo XVIII, sin embargo, representó uno de los momentos más brillantes de la historia de la imprenta.

La cultura dejó de estar encerrada en las universidades controladas por la Iglesia para secularizarse en las academias, los salones, los cafés, las tertulias de librerías, etc. En este siglo de la Enciclopedia se publicaron numerosas obras de estas características. El periodismo literario y cultural popularizó en cierto modo la producción científica y literaria de la época, haciéndola accesible a cada vez más <<amplias minorías>>. Ciudadanos o pequeñas sociedades dieron lugar a publicaciones que se convirtieron en las primeras empresas periodísticas de cierta envergadura.

Se consolidaros ya de manera definitiva las gacetas semanales y aparecieron los primeros periódicos diarios, soporte de las primeras formas modernas de publicidad comercial.

Los progresos de las comunicaciones fueron lentos pero el gran salto adelante se dio en el siglo XIX. Hasta este siglo, se mantuvieron, además, un conjunto de tres impuestos conocidos como “Taxes on Knowledge”, y desaparecieron muchas publicaciones sin importancia, pero también fue el fin de un incipiente periodismo popular.

La prensa se convirtió en un producto caro, al alcance solamente de las clases medias en pujante desarrollo, y los periódicos, en muchos casos, no tuvieron más remedio que aceptar subsidios para sobrevivir, comprometiendo con ello su independencia. Cabe suponer que los impuestos hicieron más lento el progreso de la prensa, pero no frenaron su desarrollo. La publicidad, a pesar de estar bien gravada, supuso una importante fuente de ingresos. Pero fue por esto, por lo que el siglo XVIII inglés estuvo marcado por la lucha por la libertad de expresión, lo cual hizo florecer el periodismo crítico y al de información ganar más adeptos. 

EL GRAN SIGLO DE LA PRENSA PERIÓDICA

El siglo XIX se considera tradicionalmente como el gran siglo de la prensa periódica. La “Edad de Oro”. Y es que el siglo XX introduce nuevos medios de información, como son el cine, la radio y la televisión, pero en el XIX los <<papeles impresos>> no tienen competencia.

La prensa diaria nació en Inglaterra, pero no llegó al continente hasta la segunda mitad del siglo y no se generalizó hasta comienzos del siglo XIX. Ésta había dejado de ser un producto caro y destinado a minorías, el desarrollo técnico había permitido el aumento de las tiradas y de ahí la bajada de precio; además, la instrucción se había generalizado, el desarrollo de la urbanización también, y el nivel de cultura de los grupos sociales se había elevado. 

En cuanto al desarrollo técnico mencionado, fue en 1793 cuando Firmin Didot introdujo un modelo que constaba de varias partes metálicas, y en 1804 lord Stanhope fabricó la primera prensa completamente metálica, aunque que ejercía presión sobre el papel mediante el cilindro se debió a Friedrich Koening. Las prensas “Koening & Bauer” se movieron por primera vez con energía de vapor, más tarde acoplaron dos prensas metálicas, lo que permitía imprimir simultáneamente por las dos caras el mismo pliego. Sucesivos perfeccionamientos en la década de los cuarenta mejoraron el rendimiento. Pero en 1846 Robert Hoe construyó en EEUU la primera prensa en la que el texto compuesto para imprimir tenía forma cilíndrica, antecedente de las rotativas que permitirían en la actualidad utilizar el papel en bobina y no en pliegos. Las primeras rotativas fueron obra de William Bullock y alcanzaban las 15000 tiradas por hora. En cuanto al papel, se generalizó el de trapo y en consecuencia se abarataron enormemente los costes. Por otro lado, hasta el siglo XIX cada impresor fabricaba sus propias tintas.

Además de todos estos acontecimientos, destacó el ferrocarril, que permitió la aceleración de los servicios postales al igual que multiplico las posibilidades de difusión de los periódicos. El telégrafo también transformó los medios informativos.

La prensa británica se colocó a la cabeza de Europa, y el movimiento de 1848 supuso una floración de periódicos mucho mayor de todo lo conocido hasta entonces. Se empezaron a prefigurar modelos informativos nacionales. Al otro lado del Atlántico, en EEUU, se produjo una verdadera revolución: la <<primera generación de prensa de masas>>. El periodismo norteamericano creará un modelo y verdaderos imperios informativos apoyados en el periodismo popular.

LA IMPRENTA EN EL SIGLO XX

El siglo XX vio nacer a otros potentes medios de comunicación. Y, de hecho, la aparición y el desarrollo de la radio y, más tarde, de la televisión modificaron sustancialmente la relación del hombre moderno con los medios de comunicación. Estos grandes medios de masas acercaron la información y el entretenimiento a amplios sectores de la población y modificaron también el terreno informativo, convirtiendo la prensa en un medio de reflexión. A pesar de esto, no parece probable y, mucho menos, inminente, la desaparición de la prensa, incluso con la revolución en el mundo de los textos escritos que ha supuesto la informática, la cual ha modificado también algunos usos del mundo editorial y hace que los libros y periódicos se escriban en uno de sus soportes para más adelante someter los textos a programas de maquetación y edición que producen finalmente el texto en la forma en que el lector va a encontrarlo. Pero no es probable que pueda sustituir al soporte formado por el papel y la tinta. Igualmente, y antes que la informática, llegó la máquina de escribir, que daba la posibilidad de hacer varias copias de un texto a cualquier individuo. También se inventó después el ciclostil, pero hoy por hoy, aunque los periódicos y los libros se producen con una técnica que dista enormemente de la originaria, Gutenberg reconocería hoy el mismo producto acabado como precedente de la técnica que invento.

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