Durante muchos años he estado en esta situación. Yo frente a un papel en blanco. Escribiéndote acerca de como me he sentido en cada momento. Por lo menos una vez al año. Siempre he acabado pensando que esto no tenía mucho sentido. Al final, no volvía a leer nada y lo rompía.

Hoy es diferente. Hoy me he mirado al espejo y me he visto a mí. Por fin. Después de seis años de sacarte poco a poco, Hoy me he encontrado a mí. Quizás debería de decir a ella.

Antes, escribía desde la rabia y desde el dolor. Hoy, escribo para mí. Hoy me he dado cuenta de todo el tiempo que he tratado de escribirte a ti. De todo lo que he sufrido. Por dentro. Sin que nadie se de cuenta. Por lo menos, de todo lo que sentía. De mis debilidades.

Antes, hubiera escrito sobre el daño que me has hecho, sobre lo mal que he estado todo este tiempo. De tu abandono. De mi incomprensión. De lo pronto que me hiciste crecer. Del poco amor que me tenías. De lo difícil que han sido para mi todos estos años. De que no quieras saber nada de mi vida. Del daño que nos has hecho, y nos haces, a todos. De los cortes que han quedado en mi corazón para siempre. De todas mis lágrimas. De mi decepción. De mi dolor.

Hoy, no te escribo desde el dolor. Escribo desde el amor que, yo sí, siento en mi corazón. No ha habido un solo día en el que no haya pensado en ti. Ni uno solo. Durante seis años. Esperando. Solo esperando. No sé exactamente para qué. Supongo que la esperanza nunca se pierde. Quizás esperaba a que volvieras. No aquí. No a mi lado. Solo quería que volvieras tú. Ese héroe. Ese ídolo. Ese que pensaba que eras y no fuiste. Ese al que despedía desde mi ventana cada mañana.

Nunca ocurrió.

Aquel día en que partiste, me juré a mí misma que esperaría. Que volverías. Siempre estuve esperando. Miles de lunas han pasado. Mis ojos se han llenado de amaneceres. Pero ya no caben más.

La tristeza se comió mi tiempo. Parece que fue ayer. No solo se comió mi tiempo. También mi alegría. Y entonces, me enamoré de la soledad. Sola. Sola con mi dolor. Seis largos años de locura. De tristeza. De olvido. Todo, yo sola.

Hoy vuelvo a ser yo. Hoy quiero sonreír sin motivos. Como hacía antes. Esa niña que disfrutaba de la vida. Feliz. Dulce. Agradecida. Ahora sé que soy esa persona. Que no se ha ido. Solo estaba esperando. No esperaba por ti. Esperaba por mí.

Hoy me vuelvo a querer. Hoy, todos aquellos recuerdos en los que apenas ya estás, los dejo ir.

La última vez que me hiciste daño te dije que no quería volver a saber nada de ti. Tú respondiste: “Ni yo de ti”.

Pero te perdono.

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