Hoy en día, cuando se habla de redes sociales encontramos que este concepto está asociado con el uso masivo de las mismas. Esto no nos sorprende debido a la evidencia del gran impacto que estas comunidades han tenido en la vida cotidiana de las personas y el lugar, cada vez más importante, que ocupan en la comunicación entre millones de individuos cada día. 

El uso del concepto de red social en las ciencias sociales antecede al desarrollo de estas tecnologías, mucho antes del “boom” de Internet. Las redes sociales son consideradas estructuras sociales dónde se producen procesos de comunicación entre personas con unos mismos intereses y a lo que antes del nacimiento de estas plataformas se relacionaba con la formación de las primeras comunidades humanas. 

PERSONALIDAD DEL INDIVIDUO

La personalidad es resultado de dos tipos de factores: filogenéticos y ontogenéticos. La personalidad se va gestando a medida que nos vamos relacionando con los demás. Entre los factores filogenéticos aparece el patrimonio o la votación orgánica con la que venimos a este mundo. Por otro lado, los factores ontogenéticos son los que la vida, el medio, el entorno, los que el devenir hace con él. Es decir, que emerge a medida que ese ser humano a aparecido en el mundo, se va relacionando con los demás y va absorbiendo unas pautas culturales cristalizadas. 

Vivimos en un mundo en el que las redes sociales forman parte de nuestro día a día a edades cada vez más tempranas. Los jóvenes nacidos después del año dos mil han crecido en la sociedad de la información, en un mundo en el que la tecnología forma parte de sus vidas desde el principio y crecen con ellas. Así pues, las redes sociales son una gran influencia en la vida de los jóvenes ya que pasan la mayor parte de su tiempo conectados y, en definitiva, forman parte de la personalidad del individuo, y le afecta en mucho sentidos. 

¿Cómo afectan las redes sociales a nuestra personalidad? 

Las redes son formas de interacción social, definida como un intercambio dinámico entre personas, grupos e instituciones en contextos de complejidad. Un sistema abierto y en construcción permanente que involucra a conjuntos que se identifican en las mismas necesidades y problemáticas y que se organizan para potenciar sus recursos. Tener una red social o crearla empieza por encontrar ahí a otras personas con quienes compartir los mismos intereses, preocupaciones o necesidades y conseguir unos objetivos comunes; se trata de una acción de cooperación, se podría decir. 

Desde la aparición de las redes sociales se han llevado a cabo muchos estudios sobre cómo afectan a nuestro comportamiento y autoestima. Su uso se ha asociado a cosas tan negativas como la infelicidad, mayor estrés, menos autocontrol o incluso al sentimiento de soledad. Pero sin embargo, en otros estudios se dice que mejoran nuestro autoestima y hacen que nos sintamos más integrados en el grupo social. Lo que más critica el comportamiento del individuo en las redes sociales es que las personas no se muestran tal y como son, debido a que nos creamos un perfil dentro de ellas que puede corresponderse con nuestra realidad o no. Esto hace que no tengamos un filtro y publiquemos todo tipo de cosas. La generación X es mucho más precavida en el uso de las redes sociales ya que siguen prefiriendo comunicarse cara a cara, es decir, que este colectivo sí tiene un filtro y miran mucho qué comparten, con quién y por qué. Por lo tanto, tienen mayor control sobre su privacidad que los jóvenes, llamados “millenials”. 

Dejando a un lado las diferencias generacionales que existen dentro del mundo de las redes, los patrones sociales por los que nos relacionamos siguen siendo los mismos. Francesc Nuñez, doctor en sociología y profesor de la Universitat Oberta de Catalunya, afirma que “las comunidades virtuales están compuestas, desde hace tiempo (anterior a las redes sociales), entre personas de afinidades similares”. Es decir, que en las redes y fuera de ellas nos movemos en círculos y lugares donde hay personas que comparten nuestros mismos o parecidos intereses. 

La tecnología forma parte de nuestro mundo así que la interacción con ella nos afecta y modifica nuestro ser, como hemos podido comprobar en el epígrafe anterior. Esta modificación no tiene por qué ser negativa, tampoco positiva, simplemente es algo a lo que debemos hacerle frente. Evitar esto puede dificultar nuestra adaptación personal. Hay personas con una alta dependencia a las redes sociales y muchos expertos lo consideran un problema ya que lo que ocurre en ellas influye en su autoestima. Nuestro estado de ánimo está, en parte, relacionado con la necesidad del ser humano de sentirse parte de algo, de una comunidad. El exceso de utilización de las redes sociales por parte de niños y adolescentes puede tener consecuencias en el rendimiento escolar ya que conlleva a un descenso en las calificaciones de los mismos. Además, produce un empeoramiento de la salud en general y favorece la presencia de síntomas de problemas de salud mental en un futuro. 

Con el auge de las redes sociales nace el concepto de “E-personality”, o también llamada personalidad virtual, de la mano del psiquiatra Elias Aboujaoude. Define este concepto como “la 

imagen que te gustaría tener en el mundo virtual, nuestra identidad”. Esta personalidad virtual se manifiesta en cada e-mail que enviamos, cuando compramos algo por internet, cuando recibimos un like,… 

LA IDENTIDAD DEL INDIVIDUO

El concepto de identidad es fundamental para comprender la situación intercultural y social actual. La identidad es el conjunto de los rasgos propios de un individuo o de una comunidad que les diferencia de los demás y que determina la conducta de un individuo o grupo. Así mismo, la identidad es la conciencia que una persona tiene respecto sí misma y que la convierte en alguien distinto a los demás. Muchos de los rasgos que componen la identidad son hereditarios o innatos, pero el entorno social ejerce una gran influencia en la construcción de la personalidad de cada sujeto. Cabe mencionar que el concepto de “identidad” es líquido, ya que está constantemente redefiniéndose y en continua evolución, gracias a las facilidades que los avances tecnológicos, informáticos y telemáticos suponen para los usuarios. 

Es un concepto polémico si se relaciona con la religión o la política, ya que puede entenderse de dos formas muy opuestas: una relacionada con la libertad y la autenticidad, y la otra, con la adquisición de un rol social determinado por el entramado social. Por tanto, la pregunta “¿quién soy?” es una pregunta que los individuos se hacen frecuentemente, cuando se sienten inseguros o incomprendidos, pero la respuesta es singular y por ello se puede considerar como una pregunta retórica. 

Identidad real, digital y virtual 

La identidad digital y la identidad virtual ocupan una dimensión diferente a la que ocupa la identidad real de una persona. La identidad real hace referencia a las instituciones y cualidades que forman parte y definen a una persona, mientras que en el mundo digital, la identidad se refiere al reconocimiento auténtico y verificado, por el que un usuario a través de diferentes procesos, es reconocido por el sistema de datos al introducir un nombre. Por otra parte, la identidad virtual es aquella que se desarrolla, a día de hoy de manera creciente e intensificada, en determinados momentos en los que estamos conectados a la red, favoreciendo así los procesos de registro, la cual puede ser muy dispar a nuestra identidad en el mundo físico o real, llegando a convertirse en una identidad “ficticia”, debido a la posibilidad del anonimato. 

En el mundo real, la identificación de las partes implicadas es indispensable para regular el desarrollo, por ejemplo, de actividades comerciales, pero en el mundo digital, gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías, los usuarios pueden ser identificables pero también pueden mantenerse en el anonimato, lo que supone que internet permite la coexistencia de ambas condiciones: es posible utilizar la identidad digital para acceder a determinados ámbitos que suponen una identificación o reconocimiento efectivo, pero también es posible hacer uso de la identidad virtual ocultando la identidad real. Esta regulación de la identidad en el mundo digital es complicada de establecer, ya que se desconfía de la responsabilidad que genera la falta de entidad, aunque actualmente, la legislación está imponiendo medidas de seguridad para la protección de los usuarios, ya que es común la convivencia de identidades virtuales fiables e identidades virtuales fraudulentas, así como el almacenamiento y la difusión no deseada de datos personales. 

La identidad social 

Si ojeamos diferentes perfiles en las redes sociales, podemos evaluar las descripciones que hacen las personas de ellas mismas. Algunas personas se definen como simpáticos, divertidos, curiosos, apasionados, enérgicos alegres… Mientras que otros se definen como estudiantes, enfermeros, periodistas, psicólogos, futbolistas… Como se puede observar, estos dos tipos de descripciones son las más comunes y presentan una diferencia fundamental entre ellas: unas personas se definen por los grupos de los que forman parte, mientras que otras se describen por sus rasgos personales. 

El autoconcepto es la imagen que hemos creado sobre nosotros mismos . No es solamente visual, sino que también acoge al conjunto de ideas que creemos que nos definen, de manera consciente e inconsciente. La psicología define el autoconcepto o el “yo” como una misma construcción formada por dos identidades diferentes: la identidad personal y la identidad social. La identidad social define al “yo” o al autoconcepto en referencia a los grupos que integra. Es decir, tenemos tantas identidades sociales como grupos de los que somos miembros. 

La autoestima es una valoración emocional y afectiva que realizamos sobre nuestro propio autoconcepto, por lo que los grupos también determinan nuestra autoestima, y conforman una parte muy amplia de nuestro autoconcepto, es decir, de nuestra identidad social. Debido a esto, muchas personas en las redes sociales intentan proyectar su mejor imagen personal y social, así como una buena posición económica y de prestigio, pues definirse como miembro de grupos de alto estatus supone una alta autoestima. Esta realidad hace visible el alto impacto que tienen los grupos a los que pertenecemos, en nuestro autoconcepto y en nuestra autoestima. 

Código de comportamiento no escrito 

Las RRSS son un medio de comunicación social que se centra en establecer contacto con otros individuos a través de internet, lo que permite crear nuevas relaciones que acaban siendo 

importantes en la vida de los usuarios. Todos, o casi todos, usamos las redes y eso nos lleva a la premisa de que si no las utilizas eres diferente a los demás. Juzgamos a este pequeño colectivo sin saber realmente el motivo de por qué no forma parte de ninguna, cuando quizá no tiene la necesidad o la oportunidad de poder hacerlo. 

Las redes sociales son usadas más de dos horas de media al día y por persona, como podremos comprobar más adelante en el estudio del usuario en red . Esto quiere decir que dejamos de hacer cosas tradicionales para dedicar nuestro tiempo en interaccionar, crear comunidades y contenido en internet. Lo que nos motiva a invertir nuestro tiempo en las redes es que éstas alimentan nuestro ego y nuestro autoestima, porque necesitamos satisfacer nuestras necesidades y destacar sobre el resto de individuos para lograr “ser alguien”. En internet tenemos la oportunidad de ser otra persona, o como mínimo aparentarlo, ya que eso ayuda a socializarnos. 

Se ha realizado un experimento, creando un programa informático que daba “me gusta” a todas las fotos que aparecían en su “feed” de Instagram. Esto consiguió que consiguiera seguidores nuevos diarios, le invitaran a fiestas y que le aclamaran por la calle. Además, sus seguidores le pedían que subiese más fotos a su perfil porque sentían la obligación de devolverle los “me gusta”. Los seres humanos somos animales sociales por naturaleza y en muchas ocasiones nos sentimos en la obligación de devolver algo que nos han dado en un primer lugar. Esto se puede aplicar a las redes sociales, ya que la gente sigue de forma masiva a otros usuarios esperando que estos les devuelvan dicha interacción, creando un “código de comportamiento” que no está escrito en ninguna parte pero que se ha extendido y aceptado por la mayoría de los individuos que forman parte de esta comunidad. 

LA CONDUCTA DEL INDIVIDUO

La conducta define la manera en que una persona se comporta en una situación determinada o en su vida en general. El término conducta hace referencia a actividades como saltar, correr, caminar… pero también se refiere a otras actividades más sutiles, como levantar la ceja, sonreír, etc. Además, hace referencia a lo que decimos y a lo que escribimos. El significado de todas estas actividades o acciones depende de la perspectiva teórica, de los antecedentes culturales y de la interpretación personal que cada uno tenga. La sociedad impone unas normas que influyen en nuestra manera de pensar, en nuestro comportamiento y en nuestra conducta, del mismo modo que las personas o instituciones que contribuyen en nuestro desarrollo personal y social. 

Si hablamos de redes sociales, vienen a nuestra mente conceptos como Facebook, LinkedIn, Instagram, Youtube o Twitter, pero red social también hace referencia a lo que construimos cuando estamos en contacto con otros individuos o grupos, como puede ser la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo, etc,. Además, las redes sociales no son homogéneas: su composición y estructura evoluciona a partir de la predisposición natural de cada persona a tener pocos o muchos amigos, o a relacionarse de una manera más o menos extrovertida con los demás. De esta forma, la configuración de nuestra red no depende únicamente de las personas que sí conocemos, sino también de los conocidos que tienen nuestros contactos o amigos, son los llamados “amigos de amigos”. 

Las redes sociales experimentaron una gran acogida en internet, sobre todo entre los niños y los jóvenes. La influencia de estas redes en muchos aspectos es positiva, pero también conllevan problemas de aislamiento y de autoestima, así como diversos trastornos de la personalidad. Estos aspectos negativos no afectan a todos por igual, algunas personas son más vulnerables a esta influencia debido a determinados rasgos de su personalidad, como la sensibilidad, la dependencia, la baja autoestima, la búsqueda de la aceptación, etc. La manera en la que influyen en nuestra conducta, se basa en el tipo de información a la que un individuo está expuesto, ya que la posibilidad que nos brindan las redes sociales de mostrar lo que somos, lo que pensamos y lo que sentimos, nos libera o nos reprime, dependiendo de si vamos a favor o en contra del grupo social predominante. Si nuestra conducta en las redes sociales se asemeja a las actitudes y comportamientos aceptados socialmente, nuestro sentido de pertenencia y aceptación se incrementará. 

Relación entre la psicología social y la conducta 

La psicología social estudia la interacción recíproca entre las personas y los efectos que ésta interacción ejerce sobre los pensamientos, los sentimientos, las emociones y los hábitos de la 

persona. También estudia el comportamiento o la conducta del individuo dentro de un grupo y cómo condiciona ese grupo al mismo. Además, se encarga de la investigación científica sobre cómo influye en las personas la presencia real imaginada o implícita de los demás. Si la psicología social estudia el comportamiento de las personas, es porque éste se puede observar, se puede medir, se puede predecir y se puede, con ello, controlar. 

Lo que hace social a la psicología social es cómo el grupo influye en el comportamiento del individuo en todo momento, aún en ausencia del mismo. Es decir, aún cuando nos encontramos a solas nuestro comportamiento está determinado por el grupo al que pertenecemos o por los otros. Esto lo hace a través de las pautas o normas culturales y por ello se considera al ser humano “humano” cuando se socializa con los demás, sino pertenecería a otra especie distinta. 

Interacción 

Como ya hemos podido comprobar, la conducta social depende de la influencia de otros individuos, y la interacción social es la acción, relación o influencia entre dos o más personas, por lo tanto es una de las claves de ese proceso. Si la conducta social es una respuesta al estímulo social producido por otros, incluidos los símbolos que ellos transmiten, la interacción social puede ser concebida como una secuencia de relaciones estímulo-respuesta. 

La conducta de una persona es el estímulo para la respuesta de otra, que a su vez, siguiendo la secuencia, pasa a ser luego el estímulo de la respuesta siguiente de la primera persona. Las interacciones regularizadas de este tipo constituyen la base de muchos de los hechos de influencia que ocurren dentro de las sociedades. Podemos decir que la respuesta (conducta) es proporcional tanto a la actitud como al estímulo. Así, la influencia social ha de materializarse en un cambio en nuestra actitud personal debido a que todo estímulo producirá un efecto (o respuesta) que podrá grabarse en nuestra memoria. Mediante este proceso simple y básico, se va conformando nuestra personalidad individual. 

Como parte del que hacer en la etapa de la vida que nos corresponde, surge la ineludible necesidad de hacerlo a la par con gran cantidad de personas que se presentan al lado nuestro, y se nos da la oportunidad de compartir y aprender nuevos puntos de vista e ir enriqueciendo el propio conocimiento, logrando de esta manera perspectivas diferentes. Esto nos va enseñando día a día la forma más adecuada para interactuar con el resto de la sociedad. Cuando no somos directos con el mensaje o la indicación que queremos trasmitir a las personas con las que convivimos o tenemos trato, esto puede ser interpretado de una forma negativa e incluso podemos dañar o lastimar a esa persona, complicamos la interacción humana cuando es más conveniente decir: no me gusta, no quiero; claro también está la otra cara de la moneda cuando expresamos un hola, te quiero, muy bien, me gusta, etc. 

Existen diferentes formas de interactuar con las personas, de acuerdo al ambiente en el que nos encontramos, es decir, interactuamos diferente cuando nos encontramos con la familia o con los compañeros de trabajo, por ejemplo, generalmente con la familia lo hacemos de una manera más general, en cambio en el trabajo debemos hacerlo de una manera más cordial, ya que no forman parte de nuestro círculo más cercano de confianza. Las relaciones, entonces, pueden darse de la siguiente manera:

  • Relaciones persona-persona: existe influencia mutua entre dos personas. 
  • Relaciones persona-grupo: pueden darse de conformidad, cuando la persona recibe influencia del grupo, o de liderazgo, cuando la persona influye sobre el grupo en general. 
  • Relaciones grupo-grupo: pueden darse de conflicto, cuando se genera competencia
     entre los dos grupos, o de cooperación, cuando los dos grupos cooperan mutuamente
     para conseguir unos objetivos comunes y de ello extraer un beneficio común. 
  • Relaciones intrapersonales: 
  • Relaciones directas: (decisión cognitiva seguida de acciones concretas: “He decidido
    que es mejor para mí dejar a mi novio y yo le dije eso”, o la decisión afectiva, seguido de
    una acción expresiva: “Amo a mi novia y yo siempre le demostrare eso”) ; 
  • Relaciones cruzadas: (decisión cognitiva, seguido de una acción expresiva: “Hoy he decidido que es mejor para mí romper con mi novia, pero mañana creo que voy a aparecer en la puerta de su casa para decir que la amo”, o la decisión afectiva seguido por la acción práctica: “Yo amaba a mi novio y siempre quería estar con él, pero
    finalmente lo dejé ir, porque era mejor para nosotros dos”).
  • Relaciones interpersonales: Dos tipos: 1. Relaciones directas: (reacción cognitiva a la acción práctica de otra persona: “Mi novia desea tener relaciones sexuales conmigo, y estoy de acuerdo, porque eso es mejor para nosotros dos”, o una reacción afectiva a la acción expresiva del otro: “Mi novio muestra sus sentimientos hacia mí, y me responden de la misma forma”);  2. Relaciones cruzadas: (reacción afectiva a las acciones concretas del otro: “Mi pareja quiere que me compre una casa, y por lo tanto supongo que él/ella me ama”, o la reacción expresiva a la acción práctica de otra persona: “Mi pareja dice que él/ella me ama, y me pregunto ¿por qué es él/ella me dijo esto?”).
    3.3- Cómo influyen las RRSS en la conducta

El conductismo es una teoría que concibe el aprendizaje como producto de una experiencia externa (estímulo), y que de acuerdo a su respuesta manifiesta una conducta observable. Es decir, el objeto de estudio es la conducta, y el método es la observación objetiva o extrospección. Se desarrolla a principios del siglo XX por el psicólogo americano John B. Watson y hasta ese momento la psicología solamente estudiaba las experiencias internas o sentimientos, a través de métodos subjetivos o introspectivos.

La relación de las redes sociales con el conductismo, es que últimamente la gran influencia de estas redes en los métodos de comunicación que lleva a cabo la gente, hace que las personas empiecen a ver necesario pertenecer a una red social para poder comunicarse. Es decir, si la gente no tiene una red social siente que no está comunicada, lo que ha supuesto una pérdida de comunicación interpersonal. 


Los seres humanos aprendemos por la asociación de estímulos, y en las redes sociales todo es asociación con otras personas. En las RRSS se pueden encontrar personas que tienen gustos afines a los tuyos, como pueden ser la música, el cine, la lectura, la moda, las fiestas o los viajes. A partir de esas afinidades se puede establecer conversaciones y relaciones con esas personas, que pueden estar en cualquier parte del mundo. Como el ser humano es social por naturaleza, el estímulo que sufrimos es la necesidad de conocer a más gente y de tener más amigos.

Una asociación de estímulos en las redes sociales se produce por ejemplo, cuando te llega una solicitud de amistad o de seguimiento de una persona que conoce a tu mejor amigo, porque estás asociando el hecho de que tienes mucha afinidad con ese amigo, y que lo más probable es que también tengas cosas en común con esa otra persona, aunque no la conozcas, ampliando así tu red de comunicación. En cambio, si te agrega alguna persona que no te da confianza, por cualquier motivo, no le aceptas, porque relacionas esta situación con alguna experiencia pasada, en base a ti o en alguien significativo para ti.

Muchas personas consideran que es más fácil comunicar y entablar una relación a través de estos medios que de forma personal o física, por lo que la sociedad, progresivamente, se va adaptando a estas redes. Esto se puede comprobar en aspectos que ahora nos parecen cotidianos, como ha ocurrido con los teléfonos móviles, los cuales han evolucionado de tal manera que antes, solamente los usábamos para hacer y recibir llamadas y mensajes, y ahora disponen de acceso a internet y de todo tipo de facilidades para acceder a las redes sociales. Casi todas las campañas de publicidad de telefonía no se basan en su producto, sino que te venden conectividad constante. 

EL USO DE LA INFORMACIÓN EN REDES SOCIALES

El uso que los usuarios hacen de la información en redes sociales es el motivo que les mueve a estar en estas comunidades. La persuasión se basa en guiar a la gente hacia la adopción de una idea, actitud o acción y la credibilidad se compone de la capacidad para generar confianza y el grado de conocimiento. Ambas están relacionadas y se complementan una con la otra ya que sin la credibilidad la persuasión son conseguiría su fin que es el de convencer a otro individuo de algo. 

La persuasión 

Los seres humanos hemos intentado alcanzar nuestras metas desde el principio de los tiempos y el mejor camino ha sido crear planes y estrategias a largo plazo para conseguirlo. En algunos casos los objetivos de los demás coinciden con los propios, pero nos encontramos situaciones en las que esto no es así, habiendo incompatibilidad de objetivos y conflictos que nos dificultan a la hora de alcanzar nuestras metas. Una manera para conseguir nuestros objetivos es conseguir que el resto de individuos cambien de modo que favorezcan los propios intereses y a esto le llamamos persuasión.

Denominamos persuasión al proceso mediante el cual se cambian o modifican las conductas hacia algunas ideas, creencias o posturas a través de la palabra, la información, razonamientos y sentimientos. Según McGuire, el proceso de cambio depende de la existencia de la probabilidad de recepción del mensaje, es decir, de si el receptor de este tiene la capacidad de atender y de comprender el mensaje que se le quiere transmitir, y de su aceptación. 

Hay una serie de requisitos que tiene que tener una fuente (emisor o comunicador) para persuadir al público al que se dirige para que sea creíble. Los estudios realizados hasta este momento hablan de una serie de variables que debe de reunir dicha fuente. Los principales requisitos son los siguientes: deferencia (la consideración hacia alguien), respeto, rectitud (conocimiento que debemos tener sobre lo que estamos diciendo), riqueza, pericia (experiencia en lo que estamos transmitiendo), cultura, bienestar y afecto. Hovland aborda la persuasión a través de los siguientes conceptos:

Comunicador: Los expertos son más persuasivos que los que no lo son. Hablar rápido es más persuasivo porque da la sensación de que se conoce el tema con profundidad. 

Mensaje: Nos persuaden con mayor facilidad cuando no percibimos que el mensaje que estamos recibiendo tiene la intención de persuadirnos. También influye la terminología que utiliza el emisor ya que puede aumentar su eficacia dependiendo del esfuerzo cognitivo que este realice. Además, el estilo lingüístico puede incidir en la persuasión independientemente de los argumentos que se empleen. 

Público: Es más sencillo persuadir a las personas que tienen baja autoestima y generalmente son más susceptibles cuando no están prestando atención. 

Hay que tener en cuenta que el proceso de persuasión no es directo, es decir, por el simple motivo de que alguien diga algo no quiere decir que el receptor vaya a hacerle caso. Existen algunos elementos que dificultan la persuasión, como puede ser el presentar argumentos débiles o no lograr el nivel de credibilidad necesario. Esto puede llevar a que el receptor piense que se le está manipulando; lo que provoca una resistencia por su parte o una acción contraria a la que se quería conseguir al sentirse atacada su libertad personal. En ese caso se produce una reactancia.

Por lo tanto, la persuasión consiste en detectar “grietas” en las defensas psicológicas de un individuo por las que se puede influir y sea más sencillo convencerle de tomar una decisión. Las personas que son persuadidas apenas se dan cuenta de ello porque en muchos casos creen estar actuando a partir de su racionalidad y en realidad la persuasión no actúa a través de la racionalidad. 

La credibilidad 

Las redes sociales se han convertido en un medio de comunicación muy directo en el que los individuos se relacionan con otros. Una de las características que tienen las redes es que cualquier usuario puede publicar lo que le apetezca, por lo tanto, es necesario que se le dé un uso verídico y fiable. Es evidente que las RRSS recogen tanto verdades como mentiras y a través de ellas se manipulan y tergiversan las informaciones. La credibilidad puede ser definida como la percepción que tiene el propio testigo u otros individuos sobre la exactitud de un determinado testimonio. Para Hovland, la credibilidad de una fuente depende de estos requisitos: 

  • La pericia percibida: Una mayor pericia percibida en el emisor conlleva una mayor persuasión o cambio de actitud. Esta pericia debe ser percibida en relación con el contexto sobre el que se pretende persuadir. 
  • La honradez: Cuando los receptores están expuestos a la persuasión, analizan los motivos, intereses o deseos del emisor. Una fuente es percibida como honrada cuando defiende posiciones opuestas a su interés o cuando se busca el consenso de las opiniones de la audiencia. 
  • La autoridad percibida: Cuanto mayor es el estatus percibido mayor es la efectividad del mensaje y su capacidad de generar cambios. Esta debe ser reconocida o aceptada. 
  • El valor del incentivo del emisor: Varios estudios demuestran que todos los factores que incrementan el atractivo interpersonal tienen a potenciar los efectos de la comunicación social. 
  • El mensaje: Constituye uno de los principales parámetros del estímulo porque va a generar la respuesta final. Le da más importancia a la forma que al contenido. En este sentido se puede llevar a cabo una comunicación unilateral o bilateral y se optará por una de estas en función de la audiencia a la que nos dirijamos.

RIESGOS PSICOLÓGICOS

Muchos son los riesgos psicológicos que pueden acarrear a las personas por la utilización excesiva o no de las redes sociales, simplemente por la presencia de éstas en la vida de los individuos. La imagen que se transmite a través de ellas, influye mucho en la conducta propia y externa de las personas que interactúan, los referentes que se tengan o las personas con las que se tiene contacto. Además, a causa del nivel de autoestima con la que se usan las redes, la salud mental de los internautas y la imagen que se proyecte o se quiera llegar a proyectar, han llevado a muchas personas a situaciones inimaginables que merecen tener su cabida en este apartado. 

¿Afectan las redes sociales a la autoestima? 

La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. Básicamente es la percepción evaluativa de nosotros mismos, la “imagen” que tenemos de nosotros. Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles. Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en nuestra infancia. Gran parte de nuestra autoimagen se basa en nuestras interacciones con otras personas y nuestras experiencias vitales. Esta imagen mental, es decir nuestra autoimagen, contribuye a nuestra autoestima y se alimenta de ella. 

Abraham Maslow, en su jerarquía de las necesidades humanas, describe la jerarquía de necesidades de los seres humanos, que simplificando se divide en dos aspectos: el aprecio que se tiene uno de uno mismo (amor propio, confianza, pericia, suficiencia, etc.), y el respeto y estimación que se recibe de otras personas (reconocimiento, aceptación, etc.). 

Como podemos observar en la pirámide de Maslow (derecha), las necesidades de los seres humanos se componen de cinco niveles o bloques: desde las necesidades básicas o fisiológicas hasta las necesidades más susperficiales o de autorealización. Pero a nuestro juicio, aunque la autoestima conforme uno de los bloques, ésta se ve afectada en cada uno de ellos, ya que desde lo que comemos hasta la confianza en nosotros mismos, pasando por la amistad o el afecto que tenemos a otras personas, conforman o modifican nuestra autoestima en su totalidad. 

Las redes sociales, si analizamos con detalle cada una de los bloques de la pirámide, afectan por completo a la construcción o modificación de la autoestima. Ésta se puede ver afectada en el mismo instante que los usuarios crean sus cuentas en las redes hasta que las eliminan; desde el momento que nos registramos ya estamos dejando una huella digital que puede acarrear consecuencias al individuo de por vida. Todo influye: desde el nombre que se utilice, hasta las fotografías que se publiquen, pasando por la audiencia que se tenga y que interactúe de una forma u otra con tu perfil. Vayamos paso por paso analizando la pirámide, para poder llegar al corazón de la autoestima y saber en qué aspectos pueden afectar las redes sociales en la mente de las personas: 

  1. Nivel básico o fisiológico: las acciones de alimentarse, descansar o tener relaciones sexuales, se pueden ver afectadas por las redes sociales. Dependiendo del nivel de autoestima que se tenga, pueden modificarse los hábitos de conducta de las personas. Si se quiere mostrar una imagen diferente a la propia debido al fanatismo por otros usuarios de la red, se podrán modificar las conductas de alimentación o de relaciones sociales con los demás. Además, la que más se ve afectado es el descanso, ya que el uso masivo de la red reduce el descanso y las horas de sueño exponencialmente. 
  2. Nivel de seguridad: en este nivel, las redes, e internet en general, afectan directamente y de una forma muy feroz al individuo. La intimidad de los usuarios de Instagram o Twitter, por ejemplo, se ve fuertemente coartada, incluso anulada por completo. La protección que tenemos de nosotros mismos es mínima, ya que estamos expuestos constantemente a través no de una red, si no de una telaraña de redes interconectadas entre sí. Cada uno puede mostrar una parte de su vida o decidir que exponer al mundo, pero el simple hecho de estar en varias redes y mostrar contenido diferente, deja a la vista gran parte de las facetas personales que pueden, a la larga, coartar la seguridad de los individuos 
  3. Nivel de aceptación social: el afecto, el amor, la pertenencia a un grupo social u a otro y la amistad, entre otro, se ven afectados por la presencia que tengamos en las redes sociales. Las relaciones sociales que entablamos a través de la red son inmensas y éstas afectan a nuestra parcela de vida privada de una forma directa. Dependiendo de las fotografías que publicamos, nuestra pertenencia a un grupo social puede romperse o afianzarse, al igual que las relaciones amorosas o de amistad. 
  4. Nivel de autoestima: la autoestima, como podemos comprobar en el grueso de este apéndice, se puede ver afectada en su totalidad por el uso de las redes sociales o de la red en general. La confianza, el éxito o el respeto de uno mismo o de los demás, dependiendo de muchos factores, se puede ver afectado o incluso anulado por la presencia del individuo en las redes. 
  5. Nivel superior o de auto-realización: a través de las redes, no solo podemos empeorar, si no que también podemos mejorar y superarnos día a día. Nuestra creatividad, moralidad o espontaneidad puede crecer gracias a la interacción con otros usuarios, seguir cuentas que te inspiren y te ayuden a mejorar, etcétera.

Por todo ello, podemos afirmar con certeza que todos los aspectos o necesidades de nuestra vida, afectan a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Dependiendo de lo que comemos, nos veremos de una forma u otra; de igual manera pasa con la ropa que decidimos llevar o las relaciones sociales que entablemos con los demás: amorosas, de amistad, de trabajo, etc. Todos los aspectos afectan a nuestra imagen y ésta, además, se ve en cada momento modificada, dependiendo de nuestro estado de ánimo o percepción/visión que tenemos en cada momento. En esta visión que tenemos de nosotros mismos y que hemos comprobado que cambia a cada momento, las redes sociales tienen un importante papel. Por ello, afirmamos también, que las redes afectan a la construcción y modificación de nuestra conducta por completo. A parte de éstas, también influyen otros factores como la salud mental; 

¿Afectan las redes sociales a la salud mental? 

Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. ¿Cómo se llega a ese estado de bienestar? Es decir, para poder llegar o tener una salud mental sana, sigue siendo absolutamente vigente la célebre definición de Freud de la salud mental como la capacidad de amar, de trabajar y de jugar: 

  • Capacidad de amar se refiere a la posibilidad de poder establecer relaciones auténticas e íntimas con otras personas donde se puede dar y recibir afecto sin excesivo miedo. 
  • Capacidad de trabajar se refiere a la posibilidad de sentirse generativo, de sentir que lo que uno hace tiene sentido, de tener un cierto orgullo en las tareas que uno desempeña. 
  • Capacidad de jugar se refiere a la posibilidad de disfrutar de la actividad simbólica, al nivel que sea, y de poder disfrutar con otros en ese tipo de actividades.

Analizando la visión de Freud, podemos establecer un visión psicológica de lo que pueden afectar las redes sociales a la salud mental de los internautas, en base a las tres capacidades que nos aporta uno de los psicólogos más importantes de la historia: Para empezar, en la capacidad de amar, que se refiera a la posibilidad de establecer vínculos emocionales con otras personas y de no tener miedo de recibirlos. Las redes sociales afectan a todas las conductas o relaciones sociales que tenemos con los demás, por ello también afectará a los vínculos personales o emocionales/afectivos.

¿De qué forma afecta?: disminuyendo o aumentando la confianza en el otro y en uno mismo. Por otro lado, afecta a la capacidad de trabajar, ya que los demás pueden minar nuestra autoestima y por ende la confianza que vertemos en nuestro trabajo, además de disminuir o aumentar nuestras posibilidades de trabajar, según la imagen que se consagre en la multitud de redes sociales que existen. Por último, afecta al ocio, es decir a la capacidad de jugar. Dependiendo del vicio o adicción que se tenga a la red dependerá el nivel de intensidad que se dedique a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
 

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