Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1789

Durante esta época, las mujeres son sistemáticamente violadas y no había anticonceptivos, por lo que si se quedan embarazadas los padres les echan de casa, y se les esclaviza en los conventos donde se acoge a sus hijos.

Esta situación se agrava debido a que no hay trabajo para las mujeres, la única salida es la prostitución. En una familia más tolerante, si una mujer se queda embarazada antes de casarse, los padres le mandan a casa de un conocido hasta que dé a luz o dicen que el hijo es de la madre de la mujer. 

Debido a estas circunstancias, las mujeres quieren llevar a cabo una gran reivindicación para conseguir derechos políticos. En este sistema, los hombres abusan de las mujeres y ellas son condenadas. 

En los siglos XVIII y XIX, las feministas denuncian la seducción. El gran seductor es un hombre que seduce a una joven de quince o dieciséis años, después la embaraza y niega dicha paternidad. Si ella se atreve a confesar quien lo había hecho recibe una condena, mientras que él, hombre y ciudadano, tiene la palabra.

Tras la Revolución francesa, la Constitución de Cádiz (una de las más abiertas de toda Europa), pone en manos de Quintanilla la reglamentación de la educación, quien dice que la pública está dirigida a los varones, y las mujeres, en todo caso y si las familias consideran que tienen que estudiar, lo tienen que hacer en el ámbito privada (en casa, no en una escuela privada).

La Declaración del Hombre y del Ciudadano de 1789 se inspira en los derechos naturales para establecer los universales, así como los personales y los de la comunidad. Los derechos que promulga son individualistas, es decir, no son los derechos de todos los hombres, sino del hombre burgués y propietario, y éstos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. 

Esta Declaración considera a la ley como la “expresión de la voluntad general” y es la base del modelo liberal capitalista, que rige desde que terminó la Revolución Francesa hasta la actualidad. Así mismo, este nuevo modelo político y social supone un avance para los derechos de los varones, que son sujetos de derecho, y la esclavitud absoluta de las mujeres, sin ningún derecho político. Pese a esta situación, el documento es considerado precursor de La Declaración Universal de Derechos Humanos.

Nunca antes de la Revolución Liberal se había producido una pérdida tan considerable de derechos para las mujeres como ésta. La mujer deja de tener voz y no consigue tener voto, por lo que no puede elegir ni ser elegida. Debido a estas circunstancias, las mujeres iniciaron una gran reivindicación, con el fin de acabar con un sistema en el que los hombres abusan y ellas son condenadas.

Olympe de Gouges, una de las grandes lideresas del proceso revolucionario, proclama en 1791 La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, en la que reclama que se reconozcan para la mujer, los mismos derechos que La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano establece exclusivamente para el hombre. 

Gracias a esta Declaración, las mujeres entraron a la historia de los Derechos Humanos. Sin embargo, este documento no figura en los manuales de Derecho Constitucional, en los que se citan al conjunto de textos normativos que establecen los deberes, facultades y libertades determinadas durante la historia.

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