El papel de la “Fiction” en el discurso periodístico

El discurso periodístico se encontraría, dentro de una tipología de los discursos, entre el histórico y la “fiction”. La construcción del acontecimiento es la configuración discursiva. El discurso periodístico, hoy es predominante en la historia del presente. Un ejemplo de los procedimientos de estrategias discursivas en todos ellos lo ofrece el caso de “Wikileaks”. 

La historia es la hija del relato. La palabra “historia” se define como narración histórica, como los hechos y los acontecimientos. La unión de ambas acepciones es más que una casualidad externa. La narración histórica aparece simultáneamente con los hechos y acontecimientos. 

El discurso periodístico y el discurso histórico tienen una directa relación con los regímenes de verdad, de veracidad, o más precisamente, con la veridicción, decir verdad, contar lo que realmente ha sucedido, contar que lo que ha sucedido es verdad porque se ha visto, que quien lo ha visto sabe, y lo que sabe lo dice, diciendo la verdad. Son estas las primeras características del discurso histórico, que se diferenciaría del texto de ficción y que conformarían las marcas de historicidad. 

Todo enunciado (discurso) es producido por una enunciación. Benveniste habla de dos sistemas diferentes de enunciación: el de la historia y el del discurso. La enunciación histórica señala a la lengua escrita que caracteriza a la narración de los acontecimientos pasados. 

Para Benveniste los términos “narración”, “acontecimiento”, “pasado”, deben estar subrayados, pues, desde el momento que son registrados y enunciados en una expresión temporal histórica, se encuentran caracterizados como pasados. 

Beneviste, más tarde definirá narración histórica como aquel género de enunciación que excluye toda forma lingüística “autobiográfica”. El historiador no dirá jamás yo, ni tú, ni aquí, ni ahora, puesto que no tomará jamás prestado el aparato formal del discurso. En la narración histórica, podremos por tanto encontrar solo la forma de tercera persona”, que, para Benveniste, más que tercera persona, se trata de la “no-persona”. En el campo de la expresión temporal, la enunciación histórica comporta tres tiempos: el aoristo, el imperfecto y el pluscuamperfecto. 

Los acontecimientos son enunciados como si fueran producidos en su aparecer en el horizonte de la historia. Ninguno habla, los acontecimientos parecen contarse ellos mismos. El tiempo fundamental es el aoristo, que es el tiempo del acontecimiento fuera de la persona de un narrador”. En cambio, los tres tiempos fundamentales del discurso, son el presente, el futuro y el perfecto, y hace uso libremente de todas las formas personales del verbo, tanto yo/tú, como él

Mostrar las cosas tal y como sucedieron, máxima expresión de la objetividad, enfatizar la renuncia a cualquier manifestación de la subjetividad, lo que continúa siendo anhelo y consigna de la actual profesión de periodista, y, por tanto, uno de los supuestos rasgos distintivos del discurso periodístico, es propio también, del discurso histórico. 

Una coincidencia extraordinaria de la narración histórica, es que es un relato construido sobre la base de negar todos aquellos deícticos, yo, tú, aquíy ahora, que caracterizan a todo discurso. El discurso periodístico, como el discurso histórico, como el discurso de ficción, no se define a priori, por los contenidos que trasmiten o contienen. 

Para la Semiótica de la Cultura, según nos enseña Lotman, ciertos textos culturales fueron recibidos como religiosos en la Edad Media y fueron considerados verdaderos, mientras siglos más tarde son leídos como literarios, es decir, como fiction. El criterio de verosimilitud es aplicableno solo a los discursos literarios sino a todo discurso narrativo.

Para relacionar de forma más directa el discurso periodístico y el histórico, hay que tener en cuenta el papel que juega el acontecimiento. El acontecimiento está privado de relación con la experiencia de un sujeto específico. Es un concepto vacío. Es siempre puntual e individualizado.

En la ficción no se trata de que a los acontecimientos reales se les de aspecto de hechos imaginarios o a que a los acontecimientos imaginarios se les presente con realismo, sino que más bien, se deja en suspenso entre lo real y lo imaginario. El acontecimiento en el discurso periodístico. se constituye, en la unión entre una causalidad aleatoria y una coincidencia ordenada. 

El recorrido que va de imprevisto a extraño, de extraño a normal, y de normal a previsto, podemos entender que, en poco tiempo, cuando se percibe una imagen (por ejemplo, el atentado de las Torres Gemelas) como déjàvu y se pasa luego a un hecho real e histórico en sus consecuencias, se pueda pasar de algo imprevisto a algo previsto. Si nos fijamos en algún acontecimiento especialmente significativo, se coloca su momento en la intersección de pasado y futuro.

Visto así, el acontecimiento es una configuración narrativa, o aún mejor, discursiva. Los acontecimientos transcurren en el tiempo, pero la descripción de los mismos, registrada en una hoja de papel, tienen un carácter espacial. La representación de acontecimientos suele coincidir con una narración, y han surgido mutaciones en la tipología de los discursos, que han permitido concebir el presente de las que se ha hecho cargo el periodismo, que ha hecho concebir la pareja acontecimiento/estructura.

Conceptos como verdad, realidad o representación de la realidad, siguen constituyendo las grandes isotopías de los discursos periodísticos, históricos y de ficción, 

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