La creciente desigualdad económica entre las naciones

Como indica un reciente estudio del Banco Mundial, “La divergencia en el ingreso per cápita es la característica dominante de la economía moderna”.

Según una estimación, la relación entre el ingreso per cápita de los países más ricos y el de los más pobres aumentó de 11 en 1870 a 38 en 1960 y a 52 en 1985. Esta relación divergente entre el crecimiento y el nivel inicial de ingreso per cápita no sólo se da en estos casos extremos, sino que en general es empíricamente válida en una muestra de 117 países.

En 1960, el 20% más rico de la población mundial registraba ingresos 30 veces más elevados que los del 20% más pobre. En 1990, el 20% más rico estaba recibiendo 60 veces más. Esta comparación se basa en la distribución entre los ingresos per cápita promedio de países ricos y pobres. La cifra más reciente pone la comparación entre esos “20%” extremos en 82 veces para 1995.

La concentración del ingreso y la riqueza es excepcional, las cifras revelan una situación nueva: Las tres personas más ricas tienen activos que superan el PIB combinado de los 48 países menos adelantados. Las 15 personas más ricas tienen activos que superan el PIB total del África al sur del Sahara. La riqueza de las 32 personas más ricas supera el PIB total del Asia Meridional. Los activos de las 84 personas más ricas superan el PIB de China, el país más poblado, con 1,200 millones de habitantes.

Se estima que el costo de lograr y mantener acceso universal a la enseñanza básica para todos, atención básica de salud para todos, atención de salud reproductiva para todas las mujeres, alimentación suficiente para todos y agua limpia y saneamiento para todos es aproximadamente de US$44,000 millones al año. Esto es inferior al 4% de la riqueza combinada de las 225 personas más ricas del mundo.

Actualmente la riqueza neta de las 10 personas más opulentas es de US$133,000 millones, 1.5 veces mayor que el ingreso nacional conjunto de todos los países menos adelantados.

Hace poco hemos sido testigos de cómo un multimillonario, el dueño de CNN, Ted Turner, ha donado US$1,000 millones a las Naciones Unidas; una cifra similar a la que los Estados Unidos de Norteamérica le restringe a ese organismo como medida para exigir una reorientación de su accionar.

Una sola persona y la primera potencia del mundo juegan con cifras de similar orden de magnitud cuando se trata de apoyar o influir en el organismo mundial políticamente más importante.

Se ha estimado por varios organismos internacionales que el costo adicional de prestar los servicios sociales básicos que faltan en todo el mundo llega a unos US$40,000 millones por año hasta el 2005. Eso es menos que el 0.2% del ingreso mundial, o alrededor del 1% del ingreso de los países subdesarrollados.

Ese acceso universal a los servicios básicos podría obtenerse recurriendo a los propios presupuestos de los países pobres por un monto equivalente 3/4 del total y a los apoyos de los países ricos en los 10,000 restantes.

Dejando de lado los servicios, si quisiéramos poner a todos los pobres extremos del mundo exactamente en la línea de pobreza internacionalmente considerada, la cifra que habría que redistribuir anualmente es aproximadamente la misma: US$40,000 millones.

Sumando servicios sociales e ingresos mínimos estamos ante menos que el 0.5% del ingreso mundial y, como indica el PNUD, es menos que el patrimonio neto combinado de los siete hombres más ricos del mundo.

El costo de la enseñanza básica adicional para que todos en el mundo la tengan es estimado en US$6,000 millones, cifra inferior al gasto en cosméticos en los Estados Unidos de Norteamérica que se estima en US$8,000 millones. El costo adicional de darle agua y saneamiento a todos en el mundo se estima en US$9,000 millones mientras el gasto en helados en Europa es de US$11,000 millones.

Algunas cifras sobre el costo de erradicar la extrema pobreza en América Latina han sido materia de nuestra reflexión. Elevar los ingresos de todos los pobres del continente a un nivel inmediatamente por encima del umbral de pobreza costaría sólo un 0.7% del PIB regional, lo que equivale a un impuesto sobre la renta de 2% aplicado a la quinta parte más rica de la población.

La situación de desigualdad puede verse de otra manera. La riqueza del mexicano más rico ascendía en 1995 a 6,600 millones de dólares, igual al ingreso combinado de los 17 millones de mexicanos más pobres.

Sin duda, una vía importantísima de enfrentamiento de la pobreza extrema en América Latina es la redistributiva. Por el sólo crecimiento se requeriría más de un siglo para erradicar la indigencia de nuestro subcontinente. Esto no quiere decir que el crecimiento no es conveniente; pero sí que lo es debido a que facilita la redistribución, no porque por sí mismo enfrenta el problema de manera adecuada y rápida. En ese sentido, el acento en el crecimiento como condición de redistribución sólo oculta la resistencia a compartir que invade a todos los estratos socioeconómicos de nuestros países. Los estratos menos ricos absorben una inmensa proporción de lo que pagan los más ricos como impuestos. No hay una resistencia a redistribuir sólo en los estratos de más altos ingresos.

Quizá, la resistencia sea proporcional a lo que se tiene, pero esto debe ser materia de estudio más preciso que escapa a las posibilidades en este trabajo.

Actualmente 150 millones de personas, uno de cada tres habitantes de la región vive bajo condiciones de pobreza extrema, definida por un ingreso inferior a US$2.00 por día. Se ha estimado que un 1% anual de crecimiento en el consumo per cápita resulta en una declinación de la pobreza de entre 1.5% y 4.0%.

Con una tasa de crecimiento sostenida de 3%, algunos países podrían eliminar la pobreza extrema en 60 años mientras a otros les tomaría 200 años, y en ciertos casos hasta 400 años, de acuerdo a un estudio del BID. Sin embargo, el valor de las transferencias necesarias para erradicar la pobreza extrema en el corto plazo se cifra sólo entre el 0.5% y el 1.0% del Producto Interno Bruto (PIB), asumiendo que los recursos pudieran ser asignados con un 100% de precisión entre los afectados.

¿Por qué nos importa lo que piensen los demás?

Y por qué no te debería de importar….

Es increíble como muchas veces estamos más preocupados por lo que piensan los demás de nosotros en lugar de lo que somos. Yo he aceptado hacer cosas que no quiero por la pena del qué dirán, he ido a lugares que no deseo y me he angustiado cuando me entero de que alguien me criticó.

Sé que es normal alguna preocupación con respecto a las expectativas de los demás pues vivimos dentro de una sociedad, pero ¿por qué no nos debemos de inquietar tanto?

Actualmente la necesidad por ser aceptado y el miedo por no serlo se ha vuelto una influencia importantísima para la sociedad. Simplemente observa las redes sociales y lo verás plasmado: queremos likes, que nos hagan comentarios positivos y no tener ninguno negativo. Y para lograr la aceptación, nos convertimos en personas complacientes y hasta codependientes. Y después compartimos más de la cuenta en redes sociales para recibir más reconocimiento y aceptación, aunque por dentro no nos sintamos tan bien. ¿Ves por donde va la cosa?

Aléjate de la desaprobación y concéntrate en aprobarte a ti

Una persona con una autoestima sana cuenta con un equilibrio entre su percepción personal interna con la que siente del exterior. Si este equilibrio delicado se altera es cuando empezamos a buscar aprobación del exterior y nos enfocamos demasiado en lo que piensan los demás, corriendo el riesgo de perder de vista nuestra naturaleza esencial, lo que en verdad somos.

Por eso es importante la auto aceptación, el reconocer lo que somos y aceptarnos tal cual somos. Con esa manera de vernos debemos liberarnos del miedo de no ser validados por las demás personas y recuperar nuestro poder. Pero, ¿cómo? Si buscas la aprobación afuera, tu sentido de ser se volverá difuso. Evita buscar la aprobación afuera y vive en el presente. Por ejemplo, cuando te encuentres en situaciones sociales, evita que tus pensamientos están preocupados por las reacciones de los demás y disfruta el momento y nada más.

¿Cómo dejar de preocuparte por lo que piensan de ti?

  1. Primero que nada hay estudios que muestran que las personas suelen sobreestimar lo que los demás piensan de ellos. Viven con esa idea de que los demás están constantemente hablando de ellos cuando en la mayoría de los casos no es cierto. Esto provoca ser más inhibidos y menos espontáneos y alegres cuando se está junto a otras personas, sobre todo las que no conocemos muy bien.
  2. Nos preocupa mucho lo que los demás piensan porque nuestra felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones. Así que en lugar de preocuparte por lo que piensen los demás, esfuérzate en construir relaciones de calidad con personas a las que verdad estimas. Recuerda que es mejor la calidad que cantidad.
  3. Es normal tener un poco de temor a caer mal o la crítica, sobre todo con personas a las que queremos agradar, pero cuando este miedo es desproporcionado nos lleva a la ansiedad e inseguridad y puede resultar contraproducente ya que se pueden empezar a mostrar actitudes de inseguridad y servilismo con los demás. En casos graves esto puede convertirse en un ciclo vicioso que puede resultar en la pérdida del auto respeto y en alienarse socialmente.
  4. Para romper este ciclo la solución está en operar de manera diferente, desde la perspectiva de ayudar al otro en lugar de pensar centrarse en uno mismo. Si somos de manera consistente amables y considerados con los demás nos preocuparemos menos sobre lo que los demás piensan de nosotros.
  5. Recuerda que lo que piensen los demás de ti no cambia quien eres o lo que vales. Cada persona es responsable de su propia vida y decisiones y no debemos de perder el tiempo lamentando si los demás nos aprueban.
  6. El estar pensando en lo que piensan los demás, es un inhibidor de felicidad, pero también del éxito. Al estar preocupado por factores externos te debilita, te quita el impulso y la emoción por emprender. Es imposible lograr alcanzar siempre las expectativas de los demás, ni agradar a todos, así que preocúpate por agradarte a ti mismo.
  7. Realiza un esfuerzo por dejarte de preocupar por lo que los demás estén pensando de ti y ¡libérate! Si generalmente esa es tu manera de actuar, puede ser que te cueste un poco de trabajo pero trata de convertirlo en un nuevo hábito mucho más sano y productivo.

¿Por qué las elefantas de Mozambique ya no tienen colmillos de marfil?

No es exactamente porque los hayan perdido “evolucionando” para evitar que las maten, como se ha llegado a titular. Sus madres sobrevivieron precisamente porque ya no tenían colmillos debido a una suerte de alteración genética que ahora se repite en las hijas ‘descolmilladas’.

Comencemos por el principio. ¿Qué define al elefante africano? Su nombre científico es Loxodonta africana. Según define la organización animalista WWF es «el mamífero terrestre más grande del planeta. Puede pesar hasta ocho toneladas. Corpulento, mide tres metros de alto por siete de largo». ¿Además del tamaño qué los distingue? «Todos los elefantes africanos, incluyendo hembras, tienen colmillos. Usan uno más que otro, por lo que uno suele ser más pequeño resultado del desgaste».

En Gorongosa, uno de los paraísos naturales de este tipo paquidermos, eso no sucede. Un buen número de elefantes africanos no tienen colmillos. Para ser precisos, las elefantas. ¿Cómo ha pasado? Es una larga historia que comenzó con una guerra civil; a posteriori, la gran masacre de paquidermos para arrancarles y traficar con los colmillos; después, las hembras supervivientes por no tener ya colmillos y las crías que nacen sin esos apéndices que definen la naturaleza de los elefantes africanos. 

¿Evolución? Se puede hablar de selección natural»,Una bella y necesaria forma de supervivencia del elefante frente al depredador humano.

Cuando, en 1977, estalló la guerra civil de Mozambique los elefantes se contaban por miles en los 4.000 kilómetros cuadrados de Gorongosa. Duró 15 años, cuatro meses y cinco días. Al hacer balance de las víctimas se contaron un millón de muertos y 1,7 millones de refugiados. Ante tal matanza, pocos se preocuparon de los animales que vivieron su propia tragedia. Durante el conflicto, una de las dos facciones, el movimiento Resistencia Nacional Mozambiqueña, tenía su centro de operaciones en la reserva natural Gorongosa. El daño animal era irreparable. Los guerrilleros aniquilaron a la fauna para alimentarse y obtener dinero con el marfil de los elefantes. Cuando al fin llegó la paz, entre el 85 y 95% de la fauna había sido exterminada. Los soberbios elefantes de Gorongosa casi se habían extinguido.

DE MILES A 108 ELEFANTES

Se tardó hasta 1994 en hacerse un conteo de cuántos paquidermos quedaban. El resultado era estremecedor: 108. ¡Quedaban sólo 108 de los miles que antes reinaban en Gorongosa! Lo único que les motivaba entonces era ayudar a los supervivientes a sobrevivir. Poco a poco se fueron identificando. Se logró aumentar su población. Para 2003 habían 300. Siete años más tarde, 438. Para 2016, ya 567. Elephant Voices comenzó a estudiar la población de elefantes Gorongosa en 2011. «Nuestro objetivo desde entonces ha sido documentar su estado para comprender mejor las cicatrices físicas y de comportamiento de larga duración infligidas durante el conflicto. Y, así, proporcionar datos científicos para la protección y gestión estratégica a largo plazo de los elefantes»,

De los 108 elefantes africanos sobrevivientes de la guerra, 101 eran hembras. De ellas, 52, el 51%, no tenían colmillos. Ellas ya eran una extrañeza genética, quizás una rara variante en el rasgo genético denominado WNT10A, el que determina que el diente se transforme en colmillo, que no es otra cosa que una pieza dental hiperdesarrollada. Es esta característica lo que salvó a estas elefantas de su aniquilación masiva como ocurrió con los machos, de los cuales solo se contabilizaron siete sobrevivientes. Esa mayoría de elefantas que se salvaron por un rasgo especial -no tener colmillos- ha tenido una buena parte de hijas que tampoco los tienen.

Como en el caso de los albinos, no todas las hijas de las elefantas supervivientes carecen de colmillos, pero si una buena parte. Actualmente el 42% del total de paquidermas de Gorongosa no tienen colmillos. De las 96 hembras adultas nacidas desde la guerra, el 32 % no tienen colmillos.

 Del total de elefantes que viven en el parque, machos y hembras, el 32% no los tienen. Solo por comparar con otros parques africanos estudiados por Poole y Granli, en la reserva Masai de Mara en Kenia, «de las 733 hembras adultas registradas, sólo el 3,4% no tienen colmillos (25). De los 511 machos, sólo uno (0,2%)», asegura Elephant Voices. Por ahora, no hay machos sin colmillos en el recuperado parque natural de Mozambique. Otra situación similar al de Gorongosa sucede en Addo, Sudáfrica.

Ante estos resultados, muchos medios se aventuraron a hacer titulares como éste: «Ante la amenaza de la caza furtiva, los elefantes evolucionan para perder los colmillos», afirmó National Geographic. Lo más correcto es hablar de una «selección natural», la supervivencia de un tipo de elefante minoritario que sobrevivió porque su rasgo esencial -no tener colmillos- fue clave para evitar su caza. Después de recuperado el parque, lo que sería un problema, la carencia de colmillos que para los elefantes africanos ayudan a su alimentación y defensa, estos han encontrado en la renovada reserva natural un hábitat magnífico. Y los estudios sobre su alimentación certifican que ellas están bien nutridas.

Los paquidermos viven en matriarcado, las lideran las hembras con más edad y resistencia. Tienen su primer cachorro a los 14 años de media. Y sí, a las que no tienen esta variante genética, que no han pasado por esta selección natural, las siguen matando por sus magnos colmillos de marfil.

Lo que los millonarios necesitan para ser felices

No se podría afirmar que eso “compre” la felicidad, pero es probable que ayude -en parte- a mejorar ciertas cosas en la vida. El problema es que aparentemente el dinero nunca es suficiente y mientras más tienes, más quieres.

Una investigación de la Escuela de Negocios de Harvard -en la que participaron 4.000 millonarios de varios países del mundo- llegó a la conclusión de que la mayor parte de los ricos cree que con más dinero será más feliz, considerando la felicidad como un mayor nivel de satisfacción en su vida.

Lo sorprendente del estudio es que un cuarto de los millonarios encuestados dijo que para ser “feliz” necesitaría que su riqueza aumentara en un 1.000%. Y otro cuarto de los encuestados respondió que necesitaría un aumento de 500% de su fortuna para sentirse completamente bien.

El investigador a cargo del estudio, Grant Donelly, le dijo a BBC Mundo que, según los resultados, una gran riqueza genera felicidad, pero que existen ciertos matices. Por ejemplo, hay un límite que marca un punto de inflexión entre los encuestados. “Los que tienen un patrimonio de más de US$8 millones son significativamente más felices que los que tienen US$1 millón”. Básicamente, no varía tanto hacia arriba de esa línea o hacia abajo de ella.

La investigación le pidió a millonarios de Brasil, Hong Kong, India, Irlanda, Mónaco, Catar, Arabia Saudita, Singapur, Sudáfrica, España, Suiza, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Estados Unidos, que evaluaran su nivel de felicidad en una escala de 1 a 10.

Y para ser parte del estudio, las personas tenían que tener un mínimo nivel de riqueza de US$1 millón.

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

Donelly dice que no se puede dar una cifra exacta de dinero para que una persona se sienta feliz, pero que hay ciertos parámetros. La investigación incluyó personas que tienen una riqueza de al menos US$1 millón. (Getty)

“Los ganadores del premio Nobel de Economía, Daniel Kahneman y Angus Deaton, sugieren que un ingreso anual de US$75.000 (en EE.UU.) es ideal. Nuestros hallazgos sugieren que la felicidad aumenta cuando la riqueza crece, incluso entre los más ricos”, señala el investigador.

“En la medida que las personas tienen un trabajo que consideran significativo y que incrementa su riqueza, pueden experimentar más felicidad”.

Un elemento que le sorprendió fue que cuando les preguntaron cuánto tendría que aumentar su patrimonio para ser un punto más feliz (en la escala de 1 a 10), respondieron que más de 100%.
Es decir, la ambición por tener más poder económico no parece dar tregua a ninguna escala.

LOS HEREDEROS NO SON TAN FELICES

Aquellos que se convirtieron en millonarios cuando recibieron una herencia o porque se casaron con una persona rica manifestaron sentirse menos felices que los que construyeron su patrimonio a partir de su trabajo.

Otra conclusión del estudio es que solo el 13% de los ricos declaró que puede ser feliz con el dinero que tiene.

El misterio que aún no tiene una respuesta es por qué a partir de los US$8 millones las personas se sienten significativamente más felices que los ricos con un patrimonio inferior a esa cifra.

¿Qué marcará esa diferencia? Los investigadores no tienen la respuesta. Dicen que podría ser, hipotéticamente, que a partir de ese nivel de riqueza las personas sienten una ventaja respecto a sus pares y, por lo tanto, tienen una mayor autoestima.

O quizás, esa cantidad de riqueza hace que los millonarios sientan que su patrimonio es lo suficientemente seguro, como para gastar libremente en cosas como donaciones o hacer grandes regalos.

Ley de la atracción. “El Secreto”

Bajo la ley de la atracción los problemas sociales desaparecen como por arte de magia, pero no porque se hayan ido.

Casi cada semana aparece en los periódicos alguna columna de opinión o una carta escrita por algún lector en la que se critica la popularidad que el individualismo ha ido ganando en las sociedades de Occidente. Los ejemplos que se suelen poner para denunciar la tendencia a mirarse el propio ombligo suelen ser bastante estereotipados: jóvenes que no ceden su asiento a mayores o embarazadas, multitudes que evitan cruzar miradas con una persona que pide ayuda, etc. 

Ante este tipo de escritos se hace difícil defender el individualismo como estilo de vida, pero, por supuesto, hay gente que sí es capaz de ello. A fin de cuentas se trata de una posición filosófica, totalmente opinable y que normalmente es tomada como algo que va más allá de la lógica y la razón.

Los problemas más serios llegan cuando un buen día alguien decide que la ideología y la moral que hay detrás del individualismo son algo más que una posición filosófica, y forman parte de la estructura básica de la realidad. Esto es lo que ha pasado, por ejemplo, con la ley de la atracción, que se ha hecho muy popular a raíz del libro y la película El Secreto.

¿Qué es la ley de la atracción?

La ley de la atracción es la idea de que todo lo que experimentamos depende en esencia de nuestros pensamientos y nuestra voluntad. Literalmente. De hecho, el lema asociado a la ley de la atracción es algo así como “obtienes aquello en lo que piensas”. Se asume que los pensamientos son en realidad energía positiva o negativa que, una vez es emitida, obtiene una respuesta acorde a su naturaleza. Esto nos permitiría llegar a ciertas metas o alejarnos de ellas según lo que pensemos y dependiendo del tipo de “peticiones” mentales que hagamos.

Puede que la ley de la atracción resulte tan absurda que en un primer momento sea difícil hacerse una idea sobre lo que significa realmente, pero en realidad sus implicaciones pueden resumirse en dos palabrasnavidades imaginarias.

Como la ley de la atracción se basa en la idea de que la realidad la conforman los pensamientos, los resultados que podemos obtener dependiendo de cómo visualicemos nuestros objetivos pueden ser materiales o, digámoslo así, imaginarios. Actuar como si se hubiesen conseguido los resultados esperados es, en sí, obtener los resultados esperados. Un triunfo de mentirijilla.

Por ejemplo, pensar en fortuna del modo adecuado puede traducirse en la obtención de fortuna literal (dinero) o cualquier otra concepción del término que creamos que nos ha sido dada porque hemos actuado teniendo en cuenta la ley de la atracción… lo cual significa que la ley de la atracción ni se puede demostrar ni sirve para predecir absolutamente nada. ¿No has obtenido lo que buscabas? A lo mejor no has pensado en ello del modo adecuado. O a lo mejor sí has obtenido lo que querías, aunque no te hayas dado cuenta. Aparentemente, la ley de la atracción se cumple siempre, porque se alimenta de la ambigüedad. Como el efecto Forer.

El boca a boca y El Secreto

Uno de los mayores trampolines mediáticos que ha tenido la ley de la atracción ha sido  El Secreto, una película-documental que más tarde dio paso a un libro con el mismo nombre escrito por Rhonda Byrne. En estas obras se presenta la ley de la atracción como una formulación simple de una serie de principios relacionados con un movimiento religioso llamado Nuevo Pensamiento.

Lo simple del mensaje y el marketing de la película hicieron el resto: El Secreto se convirtió en un éxito que aún hoy es recomendado por muchas personas. A fin de cuentas, la ley de la atracción ofrece dos creencias que resultan bastante atractivas: el poder del pensamiento es prácticamente ilimitado, solo depende de nosotros mismos y nos pone en contacto con una entidad metafísica que actúa según nuestra voluntad y nuestro modo de percibir las cosas. Y, bueno, como aún estamos sufriendo los coletazos de la cultura New Age también es muy posible que ese halo de misticismo oriental haga el producto más atractivo por el hecho de no tener base científica.

La crítica a la ley de la atracción

La ley de la atracción tiene el dudoso honor de poner en su contra a personas de círculos tan diversos como la física, las  neurociencias, la filosofía o la psicología, y esto es por un buen motivo. Esta creencia se fundamenta en unos supuestos que no solo no tienen ninguna base científica, sino que van en contra de prácticamente todo lo que sabemos gracias a décadas de investigaciones rigurosas y progresos en diferentes ciencias.

Eso significa que, si bien la ley de la atracción interfiere en campos científicos como la biología o la psicología poniendo encima de la mesa ideas que no han sido demostradas y no merecen ninguna atención, la crítica que se le hace a esta no viene exactamente desde estos campos, sino desde la filosofía. Y, más concretamente, desde la  filosofía de la ciencia y la epistemología. La cuestión no es que la ley de la atracción no sirva para explicar la realidad ni para predecir acontecimientos, sino que, para empezar, las ideas en las que se basa son absurdas y no se desprenden de nada parecido a la investigación científica.

Jugando a ser ciencia

Es totalmente válido poner mucho énfasis en la importancia de  motivarse a uno mismo para pensar en aquello que se quiere conseguir y dedicar tiempo y esfuerzos a realizar “ejercicios mentales” para hacer que nuestros objetivos sean más realizables. No hay nada malo en elegir fijarse más en los factores mentales y subjetivos que en los factores objetivos externos que nos afectan en nuestro día a día. Son, sin más, preferencias acerca de cómo vivir la vida. Si la ley de la atracción fuese algo así como un principio filosófico sobre cómo ordenar las propias ideas y prioridades, no habría desatado tantas críticas.

Pero la ley de la atracción juega a hacerse pasar por algo parecido a una ley científica, o al menos a tiempo parcial. Como la ley de la atracción puede ser explicada mediante formulaciones teóricas tan ambiguas como diversas, puede dejar de ser algo comprobable científicamente durante los minutos en los que alguien pone contra las cuerdas a sus defensores (“la realidad es demasiado compleja para los instrumentos de medición”, “no podemos limitarnos a depender de las teorías científicas clásicas para entenderlo todo”, etc.) para volver a serlo cuando ha pasado el peligro y la audiencia es lo suficientemente crédula.

De hecho, donde se hace más evidente el coqueteo de la ley de la atracción con ese revestimiento de legitimidad que le puede brindar la ciencia es en su utilización de ideas asociadas a la física cuántica, que es lo suficientemente confusa como para que las pseudociencias intenten buscar refugio en ella empleando un lenguaje tan complicado como impreciso.

No olvidemos que la ley de la atracción no puede entenderse del todo si no se responde a la pregunta: ¿quién nos devuelve nuestros pensamientos en forma de consecuencias de estos pensamientos? ¿Quién reconoce las “vibraciones positivas” y las negativas para enviarnos consecuencias en la misma sintonía? La respuesta cae muy lejos del terreno científico.

En terapia

Además de no tener solidez empírica, la ley de la atracción es en sí misma muy peligrosa: se infiltra en talleres “terapéuticos” y en estrategias para dinamizar equipos de trabajo, haciendo que las personas sobre las que se interviene sigan unas instrucciones basadas en ideas absurdas y puedan terminar peor de como empezaron. Tanto la PNL como las propuestas que nacen de la psicología humanista han sido permeables a la ley de la atracción, y la creencia de que la realidad es en esencia lo que uno mismo piensa alimenta una filosofía tan enajenada y egocéntrica que puede gustar en ciertos sectores políticos y empresariales. 

Esto hace que la ley de la atracción y el mensaje de El Secreto sean algo más que el fruto de la pereza intelectual y el pensamiento mágico: también son un producto de marketing que puede tener consecuencias nefastas para la calidad de vida de las personas.

¿Eres pobre? Tu problema

Pero, además de todo esto, la ley de la atracción tiene implicaciones políticas que alimentan un individualismo exacerbado. Niega la influencia que tienen sobre nuestras vidas todos esos factores que podemos considerar como ajenos a nosotros mismos y nuestra voluntad, y puede dar paso a una mentalidad que nos ciega ante lo que ocurre a nuestro alrededor. 

Es parte de un tipo de pensamiento con implicaciones perversas en un planeta en el que el lugar de nacimiento sigue siendo el mejor predictor para saber la salud y riqueza que va a tener una persona a lo largo de su vida. Bajo la ley de la atracción los problemas sociales desaparecen como por arte de magia, pero no porque se hayan ido.

¿Por qué nos queremos tan poco?

Es curioso, pero pese a ser personas racionales y tratar de perseguir ser felices, estar contentos y encontrarnos bien, a menudo no actuamos de la manera más lógica en nuestra vida. Es más: una de las tareas más complicadas que se nos presentan muchas veces es precisamente la de querernos a nosotros mismos.

Siempre cuento la anécdota de la vez que realicé un ejercicio de Inteligencia Emocional que consistía en escribirme una carta de amor a mí misma. Recuerdo que me sentí incómoda, rara y además muy vulnerable. Y no es algo que me pase sólo a mí, nos suele pasar a todos. Nos cuesta muchísimo hablarnos bien, dirigirnos con amor a nosotros mismos, escucharnos y hacer cosas buenas por nosotros.

Egoísmo

El origen de todo puede estar en nuestra infancia, nuestra educación, en lo que nos han dicho o nos han hecho creer. “No está bien hablar bien de uno mismo”, “si te halagas quedas como prepotente”, “sólo los egoístas se ponen en primer lugar” y un largo etcétera.

Cuando una persona que lleva tiempo poniéndose en el último lugar de repente decide cuidarse y dedicarse el tiempo que antes dedicaba a los demás, sea su familia, amigos o compañeros, algunos suelen tachar de egoísta a esa persona. “Antes tenías tiempo para mí. Ahora sólo te preocupas de ti mismo”.

Tal vez sea por eso que nos cuesta tanto cambiar nuestra actitud, pues sentimos que estamos siendo egoístas, cuando en realidad estamos atendiendo nuestras necesidades y dándonos ese amor que tanto nos ha faltado.

De hecho sólo regalándonos amor primero, podemos darlo a los demás. El que está vacío por dentro no tiene nada que ofrecer.

Autoestima

En muchas ocasiones la falta autoestima es lo que está detrás de nuestra falta de amor hacia nosotros mismos. Aunque hay muchas definiciones de esta palabra tan importante, para muchos la autoestima se traduce como “amor a uno mismo”. También se traduce por aceptación, imagen interna, valoración positiva de mis cualidades y capacidades, sensación de que controlo las distintas situaciones de mi vida, de que soy capaz, de que valgo y merezco triunfar, realizarme y ser feliz.

Por desgracia muchos llegamos a la edad adulta con una autoestima poco desarrollada, con numerosas limitaciones internas, y por tanto no nos atrevemos a realizarnos, a cumplir o siquiera imaginar nuestros sueños, vivimos de manera pobre a nivel emocional y esto se traduce en una vida sin grandes aspiraciones, pues llegamos a creer de forma inconsciente que aspirar a más no va con nosotros y simplemente no nos permitimos crecer.

Beneficios de quererte poco

Sin embargo, incluso una falta de amor a uno mismo tiene sus ventajas, muchas veces ocultas. Por ejemplo, si vas por la vida sintiendo que no te quieres, es más fácil justificar algún vicio o patrón de comportamiento negativo.

La falta de amor a uno mismo puede justificar también una personalidad pasiva, que no se arriesga, no cambia, no pasa a la acción, se queda siempre en su zona de confort, quejándose de que no tiene la vida que quiere.

Otro de los beneficios ocultos de quererte poco puede ser tu necesidad de amor o conexión. Aunque suene paradójico, tu falta de amor a ti mismo puede ayudarte a que al menos recibas el amor de otros. De hecho, las personas con baja autoestima pueden presentar con frecuencia cierta dependencia emocional de otras personas como sus padres, amigos, pareja o hijos. Buscan el amor que no tienen en los demás.

Perfeccionismo

Las personas con baja autoestima también pueden presentar unas altas exigencias consigo mismas. Pueden llegar a ser personas brillantes en su trabajo u otra actividad que realizan, pero siempre se sienten insatisfechas, pues creen que no lo hacen lo suficientemente bien. Cuestionan todo lo que hacen y se critican constantemente, actitud fruto de creencias limitantes o una educación demasiado rígida.

Cómo podemos querernos más

1. Para empezar, lo que deberíamos hacer primero es detectar cómo nos tratamos a nosotros mismos: cómo nos hablamos por dentro, cuál es nuestro diálogo interior. Observar nuestras conductas diarias: ¿nos permitimos disfrutar de las cosas o nos cuestionamos todo lo que hacemos, sintiéndonos culpables después?

2. Después debemos analizar nuestras acciones. ¿En qué área de nuestra vida notamos que nos estamos tratando peor? ¿Personal, profesional, con familia, amigos? ¿Hay algo que deseamos hacer o llevamos tiempo queriendo realizar y lo posponemos siempre?

3. A continuación es importante fijarnos un objetivo concreto: cómo quiero tratarme a partir de ahora en esa área de mi vida. Se trata de imaginar la situación con el máximo detalle posible. Es recomendable poner música agradable, que nos guste, cerrar los ojos, tomar varias respiraciones profundas y empezar a soñar con ese nuevo trato que nos estamos dando. Visualizar esas actividades que amamos y que realizamos con gusto, repetirnos mentalmente frases positivas que queremos decirnos… Puede que al principio resulte incómodo, pero es necesario imaginar esa escena y comprobar si estamos a gusto con ella.

4. Por último anotar de la forma más concreta posible las distintas acciones que empezaremos a aplicar en nuestra vida diaria que se asemejen a ese estado deseado que hemos llegado a visualizar. Al final del día, podemos apuntar las veces que nos hemos tratado bien y darnos un premio (otro acto de amor hacia nosotros mismos).

5. Otra idea que funciona también son las llamadas afirmaciones positivas: escribirnos durante 21 días frases llenas de cariño y gratitud hacia nuestro cuerpo, nuestra personalidad, nuestras emociones. Puedes realizarlo al despertarte o antes de acostarte. Y es que nuestro cerebro se cree literalmente todo aquello que le decimos: sea algo bueno o no tan bueno.

Desastre político en RTVE

El Consejo de Gobierno aprobó el pasado 22 de junio de 2018 el decreto ley que renovará, hasta que se haga por concurso público tras el desbloqueo parlamentario del mismo, a los diez integrantes del Consejo de Administración de RTVE, incluido su presidente, como consecuencia del retraso de casi seis meses, en el nombramiento del mismo. El propósito de la nueva cúpula será promover la independencia y pluralidad de los medios públicos, y de esta forma, acabar con los “viernes negros”.  

Seis de los diez consejeros deben ser elegidos por el Congreso de los Diputados, y cuatro de ellos por el Senado. Para la designación en primer término de seis de los candidatos propuestos por los grupos políticos, era necesario el apoyo de una mayoría de dos tercios de la Cámara Alta, hecho que no ha sido posible en esta primera votación, por lo que el 4 de julio se llevó a cabo el segundo intento. 

El grave deterioro, en términos de calidad, de pluralismo y de audiencias del servicio público en nuestro país, quiere contrarrestarse con una propuesta del nuevo Gobierno, para conseguir una radio-televisión pública fuerte e independiente, para todos los españoles, distanciada de la politización, que no esté al servicio del gobierno y que sí esté a la altura de la democracia, pues es la única garantía de una oferta universalmente accesible de calidad en información, educación, cultura y entretenimiento. Sólo unos medios libres son capaces de responder a estas exigencias. La libertad de información y de opinión debe garantizarse y estar restringida únicamente por límites razonables. Esta situación que está viviendo RTVE es el resultado de una continua y progresiva mala práctica, manipulación y censura por parte del medio.

El periodismo es una parte fundamental de la sociedad, el cual, durante las últimas décadas, ha pasado a considerarse como “el cuarto poder”.  Joaquín María Aguirre asegura que el periodismo registra, refleja y dibuja los contornos de los acontecimientos, pues debido a la información que difunde, la mayoría de las personas se posicionan respecto a los grupos y personas. Ramón Lobo argumenta que la información debe ser un recurso contra la impunidad en la corrupción, y que el Gobierno es el responsable de emplear los instrumentos legales que modifiquen las estructuras. El dilema es que la mayoría de los periodistas pertenecen a una élite periodística, que informa de los problemas de la élite que solo interesan a la élite. 

La batalla del poder, según Manuel Castells, está en aquellos capaces de condicionar la mente de los ciudadanos, pues la forma en la que pensamos es la forma en la que actuamos. En este condicionamiento tiene un papel importante lo que Umberto Eco denomina “la máquina del fango”, que es una forma de legitimación del adversario, a través de la revelación de aspectos de su vida privada, y de esta manera, arrojar una sombra de sospecha sobre su persona. 

Rosa María Calaf enfatiza en que la ciudadanía debe ser consciente de que estar bien informado es absolutamente esencial, si quiere ser capaz de defender sus derechos y sus libertades. En la actualidad, los medios de comunicación hacen creer que se está informado, pero en realidad lo que se está haciendo es entretener a la sociedad. 

El informe anual de la profesión periodística, publicado en 2015, evidencia el aumento de la precarización laboral en el campo del periodismo, debido a la pérdida de más de doce mil puestos de trabajo, a la intensa caída de los salarios, al aumento de la jornada de trabajo y al cierre de trescientos setenta y cinco medios de comunicación. Además de lo preocupante de que apenas uno de cada cinco periodistas dice no haber sufrido nunca presiones para cambiar elementos sustanciales de su información, al hablar de la pluralidad del mercado, está en un riesgo muy alto la concentración de la propiedad entre medios, pues no está regulado en España. 

La autorregulación es posible gracias a diferentes instrumentos: Códigos Deontológicos, Códigos Internos, Libros de Estilo, Estatutos de Redacción, Defensores del Público, Consejos de Información… 

La autorregulación guía la actividad de los medios, en relación a la ética y a la deontología profesional de la comunicación, contribuyendo a que se den las condiciones necesarias que hagan posible ese cumplimiento, para después examinar, juzgar y poner en conocimiento de la opinión pública, aquellos casos en os que no se produzca dicho cumplimiento. El autocontrol además, estudia, discute y juzga las actuaciones éticas conflictivas, para aprender sobre la dimensión moral de esta profesión.

La empresa periodística actual ha perdido gran parte de su vocación informativa, concentrándose más en la mercantilista. Además, los intereses políticos y económicos han limitado la autonomía de los periodistas de los medios de comunicación españoles, pues se han convertido en instrumentos políticos, transformando la democracia representativa en una farsa. Como afirma José Luis Sampedro, los medios de información y difusión, es decir, los medios de comunicación, se han convertido en medios de ocultación y desinformación. El modelo de gestión de RTVE es gubernamental, por lo que no es complicado viciar su gestión desde el poder. Por esta razón, la reestructuración y restauración de este medio público es inevitable para fomentar un pensamiento libre, propio y personal.