La influencia humana en las sequías globales se remonta a hace un siglo, según la NASA

Por primera vez, un equipo científico ha logrado vincular las actividades humanas con los patrones de sequía en todo el mundo.

El peligroso ascenso térmico que estamos experimentando en el planeta Tierra tiene consecuencias: la desaparición de especies animales y vegetales, la destrucción de glaciares, el ascenso del nivel del mar… y también, por supuesto, la desertificación.

Los gases de efecto invernadero generados por el hombre y las partículas atmosféricas son el principal causante de estos fenómenos, incluido el riesgo de sequía mundial.

La NASA solo lleva estudiando la humedad del suelo desde el espacio 1980. Pero ahora, por primera vez, su equipo científico ha vinculado las actividades humanas con los patrones de sequía en todo el mundo.

Y ¿cómo lo ha conseguido? Las pistas estaban escondidas en los mapas de los árboles más antiguos de la Tierra, en sus capas interiores.

Los anillos de los árboles han permitido obtener las mediciones históricas de la lluvia y la temperatura y compararlas con las mediciones modernas de la humedad del suelo basadas en los datos de los satélites. El grosor de los anillos de los árboles indica años húmedos y secos a lo largo de su vida útil, proporcionando un registro antiguo para complementar los datos escritos y registrados.

Así, hemos podido hallar las “huellas” que demuestra que los gases de efecto invernadero llevan influyendo en el riesgo de sequía desde principios del siglo XX

Las predicciones eran correctas

Los modelos ya predecían esta huella humana afectando a un patrón global de secado y humectación regional característicos de la respuesta climática a los gases de efecto invernadero, y que esta presencia debería poder detectarse desde principios de la década de 1900, y aumentar con el tiempo a medida que aumentan las emisiones.

Efectivamente. Combinando datos de observación satelital desde 1980 junto con el historial vegetal presente en los anillos de los árboles, los investigadores comprobaron que las predicciones estaban en lo cierto: la desertificación coincidía con la huella humana de principios del siglo XX.

También calibraron sus datos en comparación con los modelos climáticos que funcionan con condiciones atmosféricas similares a las de 1850, antes de que la Revolución Industrial aumentara los gases de efecto invernadero y la contaminación del aire.

Este estudio es el primero en proporcionar evidencia histórica que relacione las emisiones generadas por el hombre y la sequía a escalas casi globales, lo que otorga credibilidad a los modelos que predecían dicha conexión.

Cada vez tenemos más pruebas de la influencia humana en el cambio climático, y más contundentes son las razones para que los gobiernos implementen un plan de acción correspondiente a la gravedad de la situación: no deberíamos permitir que la temperatura global aumente más de 1,5ºC si no queremos enfrentarnos a una profunda transformación planetaria que pueda poner en peligro especies, ciudades o nuestra propia vida, tal y como la conocemos.

Por si fuera poco, de acuerdo con la nueva investigación, es probable que esta huella dactilar de los gases de efecto invernadero se haga más fuerte en las próximas décadas.

La historia cambió brevemente entre 1950 y 1975, a medida que la atmósfera se volvió más fresca y más húmeda. El equipo cree que esto se debió a los aerosoles, o partículas en la atmósfera. Antes de la aprobación de la legislación sobre calidad del aire, la industria expulsó grandes cantidades de humo, hollín, dióxido de azufre y otras partículas que los investigadores creen que bloquearon la luz solar y contrarrestaron los efectos del calentamiento de los gases de efecto invernadero durante este período. Sin embargo, los aerosoles son más difíciles de modelar que los gases de efecto invernadero, por lo que aunque son los culpables más probables, el equipo advirtió que es necesario realizar más investigaciones para establecer un vínculo definitivo.

Las madres monobo ayudan a sus hijos a ligar

Las hembras bonobo de más jerarquía influyen para que los jóvenes machos consigan aparearse con hembras fértiles para procrear más y mejor.

En muchas especies, las hembras mayores –madres y abuelas– ejercen un papel fundamental para sostener la estructura familiar. Por supuesto ocurre entre los humanos, pero también en otros primates como los bonobos (Pan paniscus), en cuya sociedad el rol de las hembras para asegurar la descendencia y mantener el clan familiar es aún más importante de lo que se creía.

Un estudio científico del departamento de Primatología del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig (Alemania) ha demostrado que las madres bonobo ejercen de celestinas para que sus hijos machos encuentren más fácilmente a hembras fértiles con las que aparearse y mantener relaciones sexuales. Así se aseguran de que van a tener más nietos. Los resultados de esta curiosa investigación se han publicado en la revista Current Biology.

En muchas facetas, los bonobos están considerados como la especie de primates con más similitudes conductuales con los humanos, más incluso que los chimpancés. Ahora sabemos que las hembras son decisivas para la organización de grupos familiares, según confirma este nuevo estudio.

Además de ejercer el matriarcado en muchas actividades cotidianas, las bonobas hacen valer su estatus y su posición jerárquica en el clan para conseguir que sus descendientes de género masculino puedan ligar con hembras que están en plena fase reproductiva. Para eso llegan incluso a interponerse en el caso de que otro macho ajeno a la familia intente quitarle la pareja a su hijo.

Según el profesor Martin Surbeck, uno de los autores del estudio, “es la primera vez que podemos mostrar el impacto de la presencia de la madre para influir en un rasgo masculino tan crucial como la fertilidad. Nos sorprendió comprobar que las madres tienen un poder tan directo y decisivo en la cantidad de nietos que logran ayudar a traer al mundo”.